Sentado sobre aquel sillón, delante del ventanal, vistas al infinito y la mirada clavada en lo más cercano. Un vaso con restos de lo que había sido un zumo de naranja sobre la bandeja que descansa en el suelo y una tostada llena de tomate y aceite en el plato.

Pantalón de pijama suave, con un cordón a la cintura desatado minutos antes cuando aquellas suaves manos deshicieron el nudo mientras él apretaba la naranja contra el exprimidor.

Y de aquellos minutos eternos cuando sientes una caricia y tu atención se dispersa, al sillón. Un solo asiento para dos personas que saben cómo acoplarse.

Él debajo, con la espalda apoyada en el respaldo. Ella sobre él; su espalda desnuda y sentada de lado, los pies recogidos arriba, como una niña pequeña que encuentra sitio en cualquier agujerito…

Un solo vaso de zumo compartido y su mirada clavada en la piel morena que rodea el pezón de esa mujer que comparte sus sueños.

La charla se mezcla con los silencios que sin querer se crean cuando sus manos acarician los tatuajes que decoran esa piel.

Los ojos de ella se clavan en los de su soporte mientras siente cómo crece bajo sus desnudas piernas el sexo que es incapaz de esconder el deseo.

— ¿vas a desayunar cada día mirándome así? — pregunta ella inocentemente sabiendo cual será la respuesta

— No hay otra forma posible si cada día despiertas a mi lado

El zumo se acaba en un último sorbo y mientras deja aquel vaso en la bandeja, su cuerpo se escurre hacia el cojín que descansa en el suelo.

La tostada se enfría mientras esas cuidadas manos de uñas perfectas y colores suaves bajan el pantalón del pijama de su amante para descubrir aquella erección que estaba sintiendo.

— Te gusta mirarme, ¿no?

— No puedo dejar de hacerlo

— A mí me gusta que me mires mientras te hago mío…

Las manos ya rodeaban aquel miembro de tacto endurecido apretando con fuerza mientras una fresca lengua con sabor a zumo ensuciaba los testículos.

Un primer gemido salía de la boca de aquel hombre dispuesto a entregar toda su Alma.

— No pares mi amor… — apenas se entendió al final del gemido, suficiente para que ella apretase con más fuerza comenzando a subir y a bajar lentamente mientras humedecía aquella deslizante piel.

El sonido de la humedad con aquellos movimientos que se aceleraban, la mezcla de sabores y olores a sexo comenzaban a hacer de aquel momento un recuerdo más…

— Mírame! — reclamaba ella cuando veía que el placer le cerraba los ojos — mira cómo te meto en mi boca

Una perversa lengua subía desde los testículos por el tronco de aquel objeto de deseo que él compartía hasta llegar a lo más alto. Una carne casi morada de la excitación esperaba entrar en ella y unas gotas de placer indicaban que aquello acabaría más húmedo aún, más perverso, más intenso…

Pero ella tampoco podía aguantar que la humedad que tiene dentro saliera y dejando una mancha testigo en el suelo se levantó de nuevo ante la atenta mirada de aquel hombre.

Colocó las rodillas a horcajadas entre los brazos del sillón y la cintura de quién domaba su Alma y sin apenas movimientos, aquel miembro que había ocupado su boca, se clavaba hasta lo más profundo de su femineidad…

— Dios… — dijo, sin saber si buscaba una deidad o si la tenía dentro

Su cuerpo se llenaba de él, y con cada movimiento su placer aumentaba aunque también deseaba quedarse quieta para sentirse tan llena… así… suave, sin prisa, con fuerza y delicadeza a la vez…

El pecho, firme y pequeño bailaba ante los ojos de aquel hombre que sentado como un rey adoraba a aquella mujer como a su reina mientras la veía disfrutar

La rodeo con sus manos obligándola a meter aquellos pezones en su boca…

— Ssssshhh — decía entre mordiscos y lametones — tranquila… vamos a estar así horas… despertándonos

El cuerpo que parecía aguantar tanto otras noches temblaba de placer, quizá el saberse amada, quizá el saber que no acabaría allí, quizá los besos en sus pezones o esa mezcla de poder ante ella… quizá solo fuera aquella polla tan plena dentro de ella… qué más da.

Un abrazo mientras recobraba el aliento, mientras temblaba por dentro, mientras empapaba todo…

— Así todo el día… ¿vale?

Él no contestó, se levantó con ella en brazos y sin mediar palabra la tumbó en el cercano sofá dejando sus piernas abiertas delante de sus labios.

Escupió sobre su depilado monte de Venus, no porque necesitase lubricación sino porque de esa forma anticipaba lo que iba a pasar.

Un segundo gemido salió esta vez de la garganta de ella y el impulso de rodear la cabeza del que la devoraba sin pausa.

Aquella boca succionaba el clítoris y lo aplastaba entre sus labios… fuerte y delicado a la vez, dejando que aquel miembro tan sensible se escurriera una y otra vez entre caricias y besos. Sin pausa, sin descanso, sin piedad… buscando un segundo orgasmo que tampoco tardó mucho más en llegar…

Las piernas se doblegaron mientras aún temblando decían: “¡Para!” y a la vez: “¡No pares!” y fue ese no pares en que ganó la partida, porque tras dejar bien limpia la zona, algo irritada por el roce de la barba del recién levantado, fue él el que se levantó y decidió embestir dentro de ella con su polla… esta vez sin final….

— Buenos días… aún tenemos la tostada… Ven al sillón...

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