Bautizo

— Vienes del mundo vainilla y sé que es tu primera vez... no te asustes, no llegaremos a tus límites, hoy quiero ver lo que eres capaz de SENTIR y que descubras qué significa que desees someterte a mi

— Lo deseo, todo lo que me has contado... es como si estuviera dentro de mí desde siempre y me siento tan identificada con todo que...

— Dilo!!

— Que diga ¿qué?

— Dices que te sientes tan identificada que.... ¿Qué estarías dispuesta a hacer para seguir sintiendo eso?

— A todo... a entregarme a ti...

— Pues empieza a tratarme con el respeto que merece alguien como yo si quieres que te crea...

— Me cuesta...

— Por eso es más importante, deseas cambiar, pues cambia...

— Parece más fácil cuando lo escribes en un chat, ahora en directo da corte

— Arrodíllate, te será más fácil entender que debes humillarte para conseguir lo que buscas

— ¿No me vas a desnudar antes?

— Aún no te lo mereces... sigues tratándome como a un amigo y no pretendo ser tu amigo

— Perdón mi Señor, es la primera vez que llamo mi Señor a alguien en directo

— Mucho mejor así, tu mente tiene que darse cuenta de que todo es posible y que obedecer sólo te dará el placer de ser tú, de liberar todos los pensamientos y hacer lo que te digan sin pensar. Te llevará a hacer lo que necesitas sin cuestionar nada... te dará placer y me darás placer

— Deseo darle placer mi Señor

— Poco a poco pequeña... no hay prisa... besa mi mano

— Como desee mi Señor

— Usa tus manos para acariciar la mía mientras la besas... mientras sientes cómo mi pulgar recorre tus labios rojos... o cómo se cuela en tu boca porque simplemente quiero, porque simplemente me pertenece tu ser mientras estés ahora conmigo

— Mi Señor!!!!

Sus manos delicadas sujetaban la mía mientras me besaba, besos cortos por el envés pero apretando bien los labios... con sentimiento, aquella chica era puro instinto y hacía las cosas de una forma que sobrecogía, que te hacía cuestionarte si de verdad era la primera vez que se arrodillaba ante alguien

— Suficiente — dije mientras ella seguía besando...

Tiré fuerte de la mano para que se diera cuenta y sin dudarlo: CHASSSS... Una pequeña bofetada le hizo parar y mirarme... su mirada era de desconcierto....

— Nunca te han dado una bofetada ¿verdad?

— Nunca

— ¿y qué sientes? — pregunté contemplando cómo su mano frotaba la mejilla afectada...

— Es extraño, porque no es una bofetada que te haga daño, aunque pica, es más bien que no lo esperaba, estar descolocada, nunca me había pasado y en el fondo estoy orgullosa de sentir que estoy viviendo algo nuevo en mi vida...

— Cierra los ojos y pon la otra mejilla....

Su respiración se hizo intensa y contrajo todos los músculos de su cara ofreciendo la otra mejilla.... las manos se quedaron a medio camino entre su cara y la relajación del brazo mientras la miraba orgulloso de que me ofreciese la otra mejilla sin rechistar...

Coloqué mi mano en su mejilla suavemente, propinando una caricia en vez de una bofetada. Al tocarla su cuerpo dio un respingo, estaba preparada para una bofetada pero no para una caria. Gimió sin buscarlo, y mi mano recorrió un cara y se coló entre su pelo para agarrarla fuerte y tirar hacia atrás....

— Ahhhhh — gritó entre placer y susto, sin saber si aquello era lo que buscaba o aún estaba por llegar la bofetada.

Acerqué mi cabeza a la suya lamiendo tu mejilla mientras con la mano que agarraba su pelo la mantenía tensa

— Ves mi perra cómo cuando obedeces no pasan cosas malas....

— Joder.... esto es muy intenso...

Sin soltar el pelo la otra mano rodeó su cuello haciendo más rápida aún su respiración. Era tan rápida que la similitud con un grado de excitación más alto era inevitable.

Apreté más la mano y tiré aún más fuerte del pelo para soltar el cuello y deslizarme bajo tu blusa. Un botón saltó según bajaba a agarrar tu pecho. Pequeños gemidos salían de su boca al sentir que estaba buscando su cuerpo sin pedir permiso.

Su pezón estaba duro como una piedra y mientras amasaba su pecho su voz no paraba de decir: "ay, ay, ay Dios"

Saqué la mano de la blusa y aflojé el pelo para que recobrara su posición abriendo los ojos y respirando profundo...

— Mi Señor, es increíble lo que acaba de pasar...

— ¿Entiendes ahora lo que significa ser usada?

— Es que no sabía qué podía pasar, ha sido excitante y nuevo y... joder... no puedo creer que esté mareada...

— Es por la velocidad a la que estás respirando... — coloqué mis manos sobre su cara dejando el mayor espacio posible — respira en mis manos...

Le dejé relajarse un par de minutos, que parece poco tiempo pero en esa situación es bastante, silencio complejo y su frente apoyada en mi cuerpo, cerca de mi cinturón... sabiendo que está cerca de mí.

Cuando lo consideré suficiente, coloqué una rodilla en el sueño, agarré la blusa y los tirantes del sujetador y abriendo hacia los hombros de forma brusca bajé todo hasta descubrir su torso por completo.

La blusa perdió algún botón más, era lo de menos en aquel momento. Se miraba para abajo sin entender demasiado y volviendo a respirar por la boca, los brazos pegados al cuerpo, forzados por la posición de la tela, inmóvil de alguna forma y mirando a su pecho para luego levantar la mirada y ver si aquello me estaba gustando

— Es importante para mí disfrutar también de tu cuerpo

— Aun no lo ha poseído, pero siento que siempre ha sido suyo mi Señor

— Pienso usarlo para llegar tan profundo que te asustes...

— No me asusto, mi Señor, lo deseo

La respiración volvía a ser más profunda y calmada pero seguía respirando por la boca, ansiosa de más...

— Desabrocha mi camisa

— Sí, mi Señor

Sus uñas estaban perfectamente pintadas, sus manos delicadas, suaves y pequeñas desabrochaban los botones lentamente. Sabía que me gusta deleitarme en los detalles y veía en su mirada que estaba disfrutando, que entendía que todo lo que había leído y escuchado, ahora lo estaba poniendo en práctica. Con la camisa desabrochada y sin pedir permiso metió las manos por debajo de la tela acariciando mi pecho, lentamente; disfrutando de la forma de mi cuerpo, de lo que conocía de fotos pero nunca había tocado.

Yo sentía ese cariño, esas ganas de acariciar más allá del simple sexo, porque la relación sexual está claro que es una parte importante de todo, pero ni la única ni la más intensa.

— Lame...

— ¿Cómo?

— Lame mi pecho, mis pezones... las perras lamen a sus dueños y aunque aún no lo seas, sé que lo deseas

— Lo deseo mi Señor, aunque tengo la boca seca

— Abre la boca, saca la lengua y déjame ver lo seca que está...

Sin dudarlo abrió la boca y se sentó sobre sus pies sacando la lengua y echando para atrás ligeramente la cabeza para mostrarme lo obediente que es de forma instintiva.

Pasé mi pulgar por su lengua, movimientos lentos... y acerqué mi boca a la suya para escupir en ella.

Como si de un acto reflejo se tratase cerró la boca y abrió mucho los ojos... sin saber qué hacer

— Veo que hoy estás descubriendo muchas cosas nuevas mi putita... no sabes qué hacer, ¿verdad?

Con la cabeza y sin abrir la boca me confirma todo. No sabía si tragar o enseñarme, no sabía si sentirse bien o mal o nada...

— Dijiste que tenías la boca seca... acostúmbrate a que las soluciones no son siempre como tú las esperas... si necesitas algo, quizá te pueda ayudar, pero pervertiré tu mente. Lame, ya tienes la boca húmeda y con algo que proviene de mí, espero que no puedas imaginar nada mejor

Con gestos aún pensados, como si tuviera miedo de que una sola gota de mi saliva se cayese de su boca volvió a sacar la lengua y comenzó a lamer mi pezón izquierdo. En ese momento mi mano agarra de nuevo su pelo y dirige con firmeza su cabeza aplastándola finalmente contra mi cuerpo.

Me levanté de esa posición y tiré fuerte de su pelo para arriba para que se levante conmigo... la giré y la empujé contra la pared...

— Contra la pared!

Se quedó inmóvil mirando a la pared, esperando algo, y lo primero fue corregir su postura: Liberé sus brazos de la ropa que queda en su cintura, las palmas de las manos en la pared, por encima de la cabeza, los pies algo más atrás para que los brazos entren en tensión. Las piernas más abiertas aún para que quede expuesta...

Cabeza mirando al frente, contra la pared para que sólo sienta mi presencia detrás de ella y rodeándola con mis manos mis manos comenzaron a amasar su pecho, sus tetas... fuerte...

— Así me gusta MI PUTA... que empieces a sentir que todo es posible y que tu cuerpo me pertenece

Su respiración volvía a ser intensa y cada vez a que cerraba mis manos sobre tu cuerpo un gemido salía de su boca, como si dijera no pare nunca mi Señor.

Yo con cada gemido me excitaba un poco más y sentía cómo aquellos pezones duros y aquel cuerpo entregado iban dejándome entrar en ella excitándome por dentro y por fuera cada vez más.

Bajé mis manos para terminar de desnudar su cuerpo, sólo quedaba su tanga negro, las medias a juego que le había dicho que se pusiera a pesar de calor y que adornaban sus muslos con bordados y los zapatos de tacón que por supuesto no se había quitado.

Recorrí su espalda, mirando cada cm, la forma en la que la columna se marcaba, las marcas, los lunares, cómo se clavaba en tu piel la goma del tanga.... y tiré de él hacia arriba...

La línea de la goma había quedado marcada en su piel... y todo su culo se apreciaba precioso mientras un quejido salía de su boca al sentir cómo la tela entraba dentro de su cuerpo sin su permiso.

CHASSSSSS..... le propine un azote sonoro para que se descentrase. Mi mano quedó marcada en su piel...

— Ahí tienes tu primera marca de mi mano... ¿quieres que te la fotografíe para que la recuerdes siempre?

— Si mi Señor... — contestaba mientras yo cogía su teléfono para fotografiarla...

Abre más las piernas mi pequeña perra en celo.... quiero que el olor de tu coño llegue hasta mí, quiero desear probar tu miel... porque espero que estés mojada para mí....

— Empapada mi Señor...

Mientras mi mano rozaba su abultado coño, yo decía una y otra vez: "eso habrá que comprobarlo". Mis dedos surcaban su sexo pellizcando la tela del tanga de vez en cuando y con ella los labios y el clítoris que no dejaba de empapar más y más la poca tela que lo escondía, a cada segundo más inflamado y más sensible.

Aguantar sin desnudarla era la misma tortura que ella soportaba, placer a través de la tela. Y toda tortura tiene un final. Agarré la tela desde su parte más mojada metiendo los dedos donde más se podían mojar, cerré el puño rozando su coño y tiré para abajo.

Las piernas abiertas impedían ese recorrido y la tela se enrollaba sobre si misma según bajaba por sus muslos, tirando de ellos, pero tan rápido que no le daba tiempo a reaccionar. Las piernas se cerraban ya con el roce de las braguitas en los muslos. Estaba desnuda para mí.

Me situé entre sus piernas abriendo más aún la distancia entre sus pies, los labios estaban empapados y colgaban sutilmente de su cuerpo, carnosos, preciosos, reclamando mi boca, pero la excitación es más importante que el desahogo y la haría esperar. Un simple pellico con mis manos para poder sentir aquella piel y escuchar el placer de su boca, regalándome su cuerpo entero.

Me levanté con la punta de mis dedos mojados y me situé en su lateral, bajé más aún su cuerpo y sus manos para tenerla en tensión, una de sus piernas entre las mías y mis dedos en su boca...

— ¿vas a ser mi puta? — pregunté sabiendo la respuesta

— Lo soy — esperaba un simple sí, así que sonreí

— Me gusta esa respuesta zorrita.... me gusta mucho. Prueba tu miel...

Coloqué mis dedos en sus labios y su lengua salió a lamerlos, a deleitarse con mis dedos

— ¿te gusta tu sabor?

— Si mi Señor, me gusta

Sin que se lo esperase, con la otra mano le di una palmada en su coño. "plasssssss " sonó salpicando sus muslos. "Ahhhhh" dijo ella

— Ahora vas a probar la miel que me gusta a mí

Desde la misma posición metí de golpe los dedos dentro de su coño. El calor inundaba mis dedos y sus piernas temblaban ante la sorpresa... "Joder, Joder, Joder" repetía a cada embestida de mis dedos, El sonido de la humedad, de mis dedos de aquel brutal acto de posesión era increíble y con la mano empapada volví a mirarla. La levanté de esa posición y esta vez no fueron solo los labios, restregué mi mano por mejillas, ojos, labios, nariz.... toda su humedad se pegaba por la piel de su preciosa cara que me miraba con la lengua medio fuera intentando lamer mi mano.

— De ahí es de donde yo quiero tu sabor... de lo más profundo de tus entrañas...

Mis dedos entraban ahora en su boca dejando que me lamiera... sus ojos me miraban esperando mi aprobación

— Sabe diferente ¿verdad?

— Si mi Señor

Saqué mis dedos de su boca, agarré su pelo girando su cabeza y la besé con todas mis ganas. No se atrevía a abrazarme pero sus besos eran la entrega total. Respiraba de ella mientras la besaba y no dejaba de hacerlo sintiendo sus gemidos en mi boca.

El beso poco a poco fue bajando de intensidad y terminé despegando mis labios de los suyos...

— Qué importante es siempre un beso, pequeña.... ¡Al suelo! — concluí dejándola caer tras el beso hasta estar casi sentada sobre la moqueta de la habitación.

Me di la vuelta, coloqué la silla con brazos que había en la habitación orientada hacia donde estaba ella y me senté. Quieto, inmóvil me quedé mirándola un rato allí sentado. Me miraba esperando que dijera algo y yo disfrutaba de verla ahí... desnuda para mí. Si intentaba hacer o decir algo la hacía un gesto de silencio para que me dejara seguir contemplando lo que era mío.

— Descálzame — acabé diciendo para romper el silencio

Se acercó a mi gateando, la mirada clavada en mis ojos, lentamente. Momentos únicos en los que te das cuenta que no todo se ordena con la voz. Quizá fue el resto de mi mano señalando los zapatos, quizá simplemente intuición, el caso es que mi sexo crecía a cada paso que daba aquella gatita desnuda.

Cuando llegó ante mí, separé ligeramente los pies de forma que pudiera percibir antes de que ocurriera cuál sería el siguiente paso, le deje la mirada clavada en mi sexo, ya marcándose por debajo de la tela del pantalón.

Ella sonreía mirando mi pantalón mientras muy obediente se acercó todo lo que pudo gateando, incluso más allá de lo lógico intentando poner su cabeza entre mis piernas, se sentó sobre sus talones y cogió un zapato.

En cuanto lo cogió por detrás, yo lo levanté para apoyarlo sobre su pierna desnuda y de forma inmediata me regaló un suspiro profundo, estaba bajo los pies de su Señor.

Que llegue a sentir ese placer sin que yo se lo haya explicado era algo que me excitó de una forma inexplicable.

— ¡Mi Señor! — exclamó

— Te ha excitado que te pise...

— Si mi Señor... nunca había sentido algo tan...

— ¿Humillante?

— No sé cómo expresarlo... es diferente

— Vas a ser la mejor putita que un hombre como yo pueda desear, pero sigue, desabrocha el zapato y desnuda mi pie

Obedeció sin rechistar, desabrochaba los cordones con pausa, sintiendo la sucia suela de mi zapato sobre su piel sin entender muy bien lo que le había provocado aquello, esa mezcla de confianza, y a la vez que todo sea posible. Sus esquemas se rompían uno tras otro. Sacó el pie agarrando el talón del zapato y sin apoyar el pie le dije que me quitase el calcetín.

Con el pie desnudo sobre su piel de nuevo contemplé cómo me miraba, cómo miraba para abajo, buscando sentir lo mismo, pero cambiando todo al ser mi piel sobre la suya.

— Es diferente sentir la piel de mi pie que la suela del zapato

— Lo es

— ¿disfrutas mirando mi pie?

— Por alguna razón siempre me había fijado en los pies de la gente, pero nunca había sentido que podían ponerse sobre mí.

Tras unos instantes en los que disfruté de su silencio y su mirada, le dije:

— apoya mi pie sobre tus dos manos y bésalo. Besos cortos, sinceros.

Aquella orden fue como soltar a una perra detrás de una liebre; tomó mi pie y empezó a besar mis dedos, mi empeine, a darme besos y pequeños lametones cortos y con los ojos cerrados como si besase mis labios, inocentemente y a la vez con una fuerza desproporcionada. Me excité viendo la escena.

Levanté mi pie para que besara la planta mientras decía... "me excita ver tu dedicación, mi perrita..." y a cada palabra que salía por mi boca, la respuesta era más intensa.

Procedí de igual forma con el otro pie... hasta que se llenó de sus besos y al desearlo me puse de pie. En el camino mi sexo erecto chocó a propósito con su cara, pero no la dejé disfrutar, solo que sintiera dónde debía mirar.

— ¿Qué mira usted señorita?

— su.... — no sabía cómo nombrarla

— dilo

— su...

ZASSSSSSS... crucé una bofetada en tu cara para que reaccionase

— su polla Mi Señor

— Nunca te avergüences de nombrar algo mío; y menos mi polla

— Si mi señor, no volverá a ocurrir

Agarré su cara y la bajé hasta el suelo colocando su boca de nuevo en mi pie

— lame como la perra que eres...

Coloqué mi otro pie sobre su cara sin dejar que besara más mi pie y dejando que mirase desde abajo... intentaba lamer la planta del pie que la aplastaba la cara... y aquello me volvió a excitar, tanto que tenía que esperar a que dejase de intentarlo para poder seguir.

— Desabrocha mi pantalón

— ¿Puedo lamer un segundo su pie?... lo he deseado tanto mientras pisaba mi cara....

— Espero que sea cierto lo que dice señorita — dije mientras mi mano se dirigía directo a su sexo.

Empapó tanto mis dedos que solo pude decirla: "besa mi pie mientras saboreo tu miel" y llevarme su olor a mi boca.

Obediente lamió el empeine de mi pie unos segundos y se arrodilló para empezar a desabrochar el cinturón.

Al empezar a desabrochar el pantalón tiré del cinturón y lo puse alrededor de su cuello.

— Vas a ser una perfecta sirvienta, mi pequeña puta

— Toda suya — contestó — para lo que más desee

Al soltar el botón del pantalón entendió porque se notaba tanto mi sexo a través del pantalón, no llevaba ropa interior. Paró un segundo y respiró profundamente.

— Lame la tela pequeña — le dije como respuesta a su deseo...

Lamía la tela y medía con sus dientes mi tamaño deseando morder y meterla en la boca mientras yo mojaba más y más la tela, deseando sentir el calor del interior de su boca

Agarré fuerte su pelo y tirando para atrás hice que me mirase a los ojos....

— Saca la lengua PUTA... vas a mojar tu lengua con mi polla

Respirando por la boca sacó su lengua mientras sentía cómo escupía yo dentro de ella mientras bajaba mis pantalones.

Mi polla, dura y erecta buscaba su boca mientras yo terminaba de quitarme el pantalón hasta que la coloqué sobre su lengua haciendo que su respiración entrecortada se convirtiese en gemido. Su boca se adaptó al tronco de mi polla y le clavé la polla en la garganta provocando su arcada...

— Aprenderás a tragarla entera, a ser mi PUTA

Ella cogió aliento y sin apenas haber relajado su garganta lo intentó de nuevo con el mismo resultado

— Sssshhhhhhh.... así no mi putita, así no, empieza poco a poco, lamiendo la punta, deja que tu saliva me recorra... pon una mano en mis huevos y la otra deja que se deslice por el tronco mientras lames el capullo. Deja que mi polla relaje tu garganta lentamente y disfruta de mi sabor... busca que su leche te llene, será suficiente por hoy

— Mi Señor, no sabe cuánto he deseado esto, tener en mis manos esta polla tan bonita... tan dura, tan grande

Sus manos me recorrían mientras ella miraba mi cara y comenzaba a subir y bajar la mano por el tronco de mi polla.

No tardé demasiado en agarrar su cabeza y follar aquella boca. Sin demasiada brusquedad, sin demasiado cuidado, aquello era follar y no otra cosa.

Varios minutos de pequeñas embestidas y de restregarle mi polla por su cara llenando sus ojos y sus mejillas de esa mezcla espesa de saliva y algo de mí, dejaban descoloridos los ojos corriendo su maquillaje pero dejando una estampa preciosa de vicio e intensidad.

— Voy a follarte PUTA, te lo has ganado

— Mi Señor — contestó ella como si fuera casi un gemido mientras sentía como la colocaba sobre la mesa.

Su pecho sobre el tablero y su pelo en mis manos. Su culo y su coño expuestos y mi polla entrando de un solo empujón dentro de su cuerpo. Una simple embestida que confirmaría su excitación al estar tan empapada que me permitiera entrar hasta el fondo.

Me quedé un segundo dentro de ella....

— ¿Lo sientes?

No respondía... no creo que pudiese oír nada con su mente tan concentrada en sentir que estaba poseída.

— ¿Lo sientes? — repetí

— Mi Señor... me llena por completo...

— Eres MÍA, mi pequeña, así tiene que ser...

Aquel culo tan bonito, expuesto, dispuesto... no pude evitarlo: PLASSSSSS

Un nuevo azote volvió a colorear la forma de mi mano sobre la piel blanca de aquel culo mientras escuchaba cómo pedía más.

Mi polla entraba y salía de su cuerpo tan pronto rápido como lento y mis manos iban enrojeciendo su culo más y más.

Cuando tenía ganas de correrme salía de ella para descansar y frotaba su coño buscando que su excitación fuera siempre a más.

Sentí ese temblor en las piernas al menos dos veces, se corría y aguantaba que mis manos o mi polla no dejasen de embestirla o azotarla. Palmadas en su coño volvían a aumentar la sensibilidad de su sexo para volver a sentir cómo mi cuerpo invadía el suyo una y otra y otra vez hasta que mi cuerpo entendió que no podía aguantar más.

La agarré de nuevo por el pelo pero tirando tan fuerte que la obligué a levantarse y seguidamente la arrodillé ante mí. Entendió perfectamente que buscaba alimentarla por primera vez con mi semen, con algo que sabía era importante para mí.

Abrió la boca esperando su recompensa y mi sexo empezó a ensuciar su boca, sus mejillas, sus ojos mientras mi mirada orgullosa la veía disfrutar de mi sabor, de su perversión devoradora que buscaba más, que me exprimía sin esperar a pedir permiso para chuparme y masturbar ese pequeño final...

— Sigue putita... sigue así... me gusta verte lamer, me gusta ver cómo te deleitas con mi sabor, me gusta verte tan PUTA...

Ella siguió besando y lamiendo mi polla hasta que de nuevo tiré de su pelo para besarla.

Un beso largo y calmado, un beso en el que mezclar su sabor y el mío, un beso que le decía...

— Serás MI sumisa

2 Comentarios

    • CasiPerfecto

      Muchas gracias Maira… espero que no sea el único con el que disfrutes

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