A veces intento recordar el sabor de su piel, ese sabor que se quedaba en la boca cuando antes de amanecer empezaba a entrar la luz por aquel ventanal y me despertaba con esa extraña sensación que no sabría definir sin de cansancio o de ligero dolor en mi sexo después de haber disfrutado horas de su cuerpo, pero que me empujaba a volver a saborear el sabor de la su piel. 

No valía cualquier trozo de piel, porque cada trozo tiene su momento y no hay uno mejor que otro, solo mayor necesidad de unos más que de otros.

Hay muchos y podría enumerarlos todos sin dejar de hablar durante toda una noche mientras los describo.

Empezaría por describir el sabor de los labios y no por ser el mejor, sino por ser el más necesario y el que seguramente abre más llaves. Es un sabor humedo y que siempre sabe diferente, a veces a pintalabios incluso que aunque lo desvirtúa, también provoca sus cambios.

A mi me gusta mucho el de las manos, besos cortos muy muy cortos en cada dedo y a lo largo de cada dedo, en las palmas, por delante y por detrás, besos muy cortos que provocan que te miren al principio y que cierren los ojos al final porque tantos besos hay que sentirlos. Estos dejan al final un sabor a tu propia saliva de tanta que acabas dejando sobre las manos, pero no saben a ti, saben a ella, saben a promesa y a fidelidad, no me preguntes a qué sabe eso, pero sabe

Pero el sabor que ahora deseo no es ese y tampoco es el sabor de su sexo o el de sus pies o el del culo que también viene con mordisco incluido. No el sabor que deseo es el de su pezón.

Míralo, tan sereno, tan dormido, tan hipnótico… 

Míralo como si fuera una poesía, como si a cada verso reaccionase subiendo y bajando ese precioso botón que aún grita muérdeme

Pero aún no le haré caso, no quiero morderlo porque no quiero pasión ahora mismo, quiero su sabor y el sabor de la piel no se obtiene en un segundo, no. La piel es un organo muy muy listo y sabe que las cosas buenas de la vida hay que ganarlas.

Para que te regale ese sabor especial es necesario tiempo, ese que nunca tenemos y que cuando lo tenemos lo desperdiciamos. Es necesario que la lengua pase mil veces y que los labios den otros mil besos en ese punto. Es necesario que las manos hayan aplastado y agarrado el pecho que está debajo de esa piel e incluso es necesario que se desee que aquello no pare nunca

Y cuando todo eso se cumple…. BUMMMMM

Nadie sabe cómo o por qué, pero se produce, el sabor de la piel cambia y empieza a segregar un liquido lleno de sustancias adictivas y energizantes que mucha gente no sabría describir pero que yo llamo OBSESIÓN… porque es exactamente lo que producen, una necesidad imposible de frenar de pensar sólo y exclusivamente en ese sabor, en volver a exprimirlo, en repetir, en poseer eternamente…

Y mira, también ella se ha despertado seguramente al sentir mi aliento en esta preciosidad de pezón, y no tiene que decir nada, ni abrir más los ojos, ni explicar porqué sonríe, se que su sexo está aún más irritado que el mío y se que su felicidad es tan grande como la mía, y también se que hará lo que sea por hacerme feliz, pero es que no tiene que hacer nada…

Simplemente dejar que tome mi dosis, mi dosis de OBSESIÓN, aunque al final tenga que pagar su precio y acabe amando eternamente….