ESTE RELATO ES DIFERENTE PORQUE PUEDES ELEGIR DESDE QUÉ PUNTO DE VISTA QUIERES LEER EL RELATO. SI QUIERES SABER LO QUE VIVE EL JEFE DE ALBA... SIGUE LEYENDO, PORQUE TE RECOMENDAMOS QUE EMPIECES POR AQUÍ, PERO LUEGO NO TE OLVIDES VER LOS QUE PASABA POR LA MENTE DE ALBA 

Cuando Alba entró a trabajar en la oficina, nada me hacía imaginar que acabaría trabajando como mi asistente personal. Yo nunca había tenido una y siempre pensé que aquello era cosa del pasado o de grandes empresas con despachos de mesas de roble. Yo simplemente tenía una pequeña oficina y una preciosa y moderna mesa de cristal y eso si, unos monitores bien grandes en los que trabajar muchas, muchas horas… demasiadas a veces.

Era una chica joven, muy profesional y que poco a poco fue subiendo desde los puestos más técnicos hacia los de mayor responsabilidad, aunque esta palabra era una de las que odiaba. Simplemente era eficaz y trabajadora, quizá muy independiente en su organización y muy dependiente a la hora de tomar decisiones, pero su claridad a la hora de exponer un problema a todos, hacía que precisamente fuera la persona que a mi mejor me venía.

Aún recuerdo cuando se lo propuse, acabábamos de salir ella y yo de una reunión en la que si no voy con ella, me hubieran destrozado porque apenas conocía el proyecto. Demasiadas cosas en mi cabeza tanto a nivel familiar como laboral: reuniones, colegios, regalos, comidas. Había que reconocerlo, mi agenda era un caos y no podía hacerlo todo.

Al salir le dije que nos tomáramos un café y al poco de tenerlo en la mesa, empecé a hablar sin rodeos:

—Alba, necesito una ayudante — empecé diciendo — pero no quiero decir con esto que necesite a alguien nuevo al que formar desde cero o una secretaria al uso, es al contrario, una persona que sepa cómo funciona la empresa, que disfrute y crea en TODO lo que hacemos aquí, y que además lleve desde mi agenda hasta el pleno conocimiento de los proyectos que están activos o su estado de facturación, capaz de discriminar la importancia de las cosas y decidir correctamente qué es más urgente, de resumir largas reuniones en una frase y sin necesidad de vender su eficacia porque está más que probada.

— ¿Una asistente personal?

— Supongo; si te digo la verdad no sé ni cómo llamarlo, pero si que se, que quiero que seas tú.

— ¿Yo? …. ¿su asistente personal?

Cuando lo dijo asi, pensé en un primer momento que me estaba diciendo “¿crees que he llegado hasta aquí para llevar tu agenda?”, pero al poco prosiguió:

— ¿en serio me quiere a su lado? ¿a mi? — sus ojos me miraban y rápidamente bajaban la mirada al café intentando buscar las palabras adecuadas y en un claro estado de nerviosismo — yo nunca he hecho nada parecido

— Lo se, pero eres ordenada, meticulosa, disfrutas con tu trabajo, eres de las personas que quiero a mi lado y en este caso, es literal. Quiero que lleves mi agenda, que prepares las reuniones y las repasemos juntos, que hagas de mi secretaria y de mi brazo derecho… que conozcas mi vida mejor que yo si se puede…

La explicación duró bastante y sus intervenciones fueron mínimas, pero rotundas, como es ella, muy decidida en todo y acabó en una frase que tampoco olvidaré.

— No se arrepentirá de tenerme a su lado, estoy segura de que puedo hacer que su vida sea mucho mejor.

Estas son las frases que descolocan tu vida y que en el momento no valoras, pero si que se quedan grabadas y van cobrando sentido según avanza todo.

Al día siguiente vino diferente, un punto más seria en la forma de vestir, aunque eran cambios sutiles, yo lo notaba y en especial, su actitud. Ver cómo cambiábamos la decoración de la zona de dirección para ubicarla al lado de mi despacho le hizo especial ilusión porque con la anterior distribución, habría parecido que se quedaba en el pasillo, y tenía que sentir lo contrario, que era parte de la dirección, así que quité la mesa de reuniones de mi despacho y la puse a ella dentro. Un ambiente aparte, pero dentro de mi despacho y las reuniones se irían a la sala de reuniones… al final siempre acabábamos allí, pues ahora por obligación.

Al poco de que se sentase, me di cuenta de un pequeño detalle que seguramente a ella le pasó desapercibido, pero había un reflejo en una de las mamparas interiores que hacía que pudiera verla, y como el fondo de su zona era más claro, ella a mi me vería como un contraluz en vez de como yo a ella, que la veía como un reflejo nítido, casi como un espejo de judas de esos en los que se interroga en las películas al delincuente.

Y es divertido, en especial al comienzo lo fue más, porque los primeros días podía ver cómo se arreglaba un poco siempre que venía a decirme algo, o los sustos que se metía cuando la llamaba mientras estaba enfrascada en algo, pero incluso a día de hoy, me gusta mirar qué hace de vez en cuando, supongo que podríamos denominarlo mi pequeño vicio voyeur.

No tardó mucho tiempo en coger las riendas y la confianza fue mejorando a pasos de gigante. La entrada de cada mañana era de película, un café con una extraña rutina, porque aunque le dije que eso del café y la secretaria, no formaba parte de sus tareas, ella decía que era esencial para comenzar una mañana y como el primer día fue un poco “chocante” cogío la costumbre de tomar un sorbo antes que yo… siempre mirándome para que quedase claro que aquello era algo compartido y no un simple café.

Para mi eso era un gesto, pero más aún verla siempre sonriente cuando yo entraba, se ponía de pié y me acompañaba hasta mi mesa contándome el día, la agenda, quién venía, a quién había que llamar y para qué, los proyectos que se iban de la línea marcada por ella y porqué… y poco a poco la confianza fue haciendo que me fijara en muchas más cosas… cosas que quizá no es profesional decir, pero que debo confesar hacían que me excitase: una falda más abierta de lo normal, un sujetador a la vista en alguna extraña posición o simplemente un roce de unas manos con unas uñas siempre perfectas.

Yo por mi parte, soy de las personas que entiende que el contacto físico es algo que forma parte de la comunicación y se que si viviera en Estados Unidos tendría un problema, pero aquí es normal que se ponga una mano en la espalda para indicar que pase delante de mi o un “espera” o poner mi mano en su hombro cuando estoy mirando su pantalla desde detrás, y es algo que siempre he hecho y que me gusta que hagan conmigo, pero reconozco que con ella, al poco había algo especial, en su forma de recibir cada mínimo gesto y eso me llevó a deleitarme en esos detalles, y ya a percibir su olor, o mirar sus pequeños tatuajes que sutilmente miraba mientras pensaba en su significado. Había días en los que por su forma de vestir, me podía fijar en la forma de su cuerpo, menudo y firme, como su carácter y mirándola se creaba para mi un juego que buscaba también ponerla tensa o nerviosa y que también nos hacía formar un equipo más estrecho, sin miedo al contacto físico o a una mirada. Era algo que se sentía y sus miradas o sus pausas me hacían ver cómo agradecía esa cercanía y confianza que siempre acababa con una enorme sonrisa y una expresión en su cara que me decía gracias… gracias por enseñarme o por llevarme de la mano en esta parte en la que me encuentro más insegura o simplemente por hacer equipo con ella.

Todos los días tenían su momento especial y no pasaron muchos días hasta que empecé a desear su presencia de una forma incontrolable pero si tengo que poner un día de comienzo, fue a los pocos días de su cumpleaños.

— Qué guapa vienes hoy,  ¿tenemos reunión?

— ¿tiene que haber reunión para que una chica se ponga mona?

— digamos que no te vistes así en tus días de ocio

— No sabes cómo me visto

— Sé que cuando vienes un sábado a hacer algo, has venido con unos vaqueros, una sudadera bien grande y unas deportivas… de las de baloncesto antiguas

— ¿las converse?

— Si

— ¡Esas no son de baloncesto! —me recriminó

— Bueno, están basadas en las zapatillas antiguas de baloncesto

— Jajaja, habló la voz del pasado

— Lo digo en serio, en mi época las empezaron a poner de moda los jugadores de la NBA

— Hablo el madurito interesante

— Mira… gracias… aunque haya sido para reírte de mi, me quedo con las palabras, pero sabelotodo o no, lo que está claro es que no vistes así

— Vale, es cierto. Hoy voy a celebrar mi cumpleaños

— ¿Es tu cumpleaños? FELICIDADES!!!, no lo sabía

— Fue el lunes, pero es que no me gusta mucho celebrarlo.

— Pues estás muy guapa, deberías hacerlo más a menudo.

— Creo que con una vez al año es más que suficiente.

— Vaya… pues no te he regalado nada, qué mal.

— Si que lo has hecho, está entre las clausulas del contrato que me hiciste cuando empecé como tu asistente, una cuantía en especie por el cumpleaños. Así que me he permitido el lujo de comprarme algo.

— Mira… no recordaba yo estas cosas… me gusta… ¿y se puede saber qué te he regalado?

— Pues ropa interior, la verdad.

— Qué atrevido de mi parte… pero la verdad es que me encanta regalar ropa interior. No a cualquiera la verdad, osea,….

— No te preocupes, te he entendido…

— pero creo que es la primera vez en mi vida que no veo lo que he comprado, en especial si es ropa interior, digamos que suelo poner más atención

— pues lo llevo puesto…

Agradecí en ese momento estar sentado, porque creo que me temblaron las piernas con el escalofrío que me recorrió entero. Mi cabeza giró de forma instintiva buscando ver algo bajo su escote mientras ella se reclinaba mínimamente para dejar las carpetas que teníamos que revisar y lo cierto es que tardé en reaccionar algo más de la cuenta y era evidente que mi mirada estaba siendo más bien descarada, asi que no tenía otra opción que confesar

— Pues no se ve nada

Ella también tardó en reaccionar y acabó con un “Joder… qué corte” mientras sus mejillas se teñían de rojo

Verla así hizo sacar mi lado más perverso, el más atrevido y que seguramente nadie en aquella empresa jamás sabría de su existencia, pero es mi autentico yo, el que me hace sentir más puro.

— En serío, ¿no crees que debería saber lo que regalo?

Mi tono de voz sonó serio, como recriminando que no se desnudase allí mismo

— y ¿qué quieres? ¿que me desnude?

— sería una opción, pero creo que es mejor que te lo quites y me lo enseñes… ¿no crees?

— NO voy a hacer eso

— pues no se porqué, y ¿si quiero devolverlo?

— No puedes, está usado y la ropa interior no se puede devolver

Su voz cambió, se volvió atrevida y reivindicativa de alguna forma, había encontrado un fallo en mi razonamiento que le permitía asentar la defensa en esa posición, sin echarse para atrás después de la vergüenza

— quizá lo intente

— Eso si que me gustaría verlo, verte entrar en la tienda, con un tanga usado y decir que te lo cambien

— asi que es un tanga… bien, me gusta ver el trasero de una mujer — en ese momento sus ojos se abrían como platos, como si no se estuviera creyendo lo que oía, asi que proseguí —pero lo importante es que crees que no puedo hacer algo tan simple...

— No

— Dame las bragas… y lo veremos

— No quiero cambiarlas

— Pero si que quieres ver cómo las cambio… decide — jugar con que tome decisiones en las que no hay una salida buena es algo que ella odia, y mi juego cada vez me excitaba más, asi que extendiendo la mano para presionar más continué dicendo — venga!!... dámelas!!

Las ordenes tan directas siempre funcionaban con ella, pero esta vez no tenía la seguridad de estar acertando, la incomodidad de la situación y a la vez esa excitación se sentía en ella, pequeños gestos como la mirada inquieta o mojarse los labios constante e instintivamente.

— Joder… ¿de verdad crees que no puedo dártelas?

— venga… demuéstralo

Se mordió el labio sin darse cuenta, levantó la cabeza mínimamente como para coger fuerza y con una mirada desafiante, metió las manos por debajo de la falda, era una falda suelta, a medio muslo y al levantarla, no pudo evitar que mirara sus piernas, la tela caía y se balanceaba mientras ella movia las caderas de un lado a otro para bajar las braguitas aquellas.

No podía creer que lo estuviera haciendo allí, sin pensarlo dos veces. Mi excitación era brutal, el corazón me latía a una velocidad que ya no recordaba la última vez que había pasado algo así.

Sus gestos eran rápidos, vergonzosos y a la vez atrevidos. Cerraba los ojos bien apretados para no verme mirarla, ya no había marcha atrás y lo sabía, y ninguno podría ahora predecir cómo iba a acabar todo aquello, pero el ambiente era excitante y morboso, podía sentir cómo mi sexo crecía y crecía sin control y el latido de mi corazón en mis labios, acelerándose a cada instante.

En cuanto superó la línea de la falda, pude ver por fín aquellas braguitas, apenas se podían ver ya que se habían enrollado al bajarlas pero se apreciaban asimétricas y medio trasparentes, con varias gomas también negras, pero la sensación de verla medio agachada tan cerca de mi, con las bragas en los tobillos y buscando el equilibrio para sortear esos tacones y teniendo que abrir los ojos para no caerse.

Al ponerse de pie, inspiró cogiendo fuerzas de no se sabe muy bien donde, arrugó las braguitas metiéndolas en un puño y con un gesto rozando lo violento puso las braguitas en mi mano. Su mano temblaba al abrirse y sus uñas rozaban mi palma como si no quisieran hacerlo y a la vez sin opción, sin posible marcha atrás… era un gesto que cambiaba nuestra relación de por vida, y lo sabíamos. Acababa de poner sus bragas en mi mano, un gesto que habría que entender o explotar y que provocaba en mi una excitación fuera de lo normal.

Retiró su mano una simple fracción de segundo y ambos miramos las braguitas, bastó una simple mirada para darse cuenta de que nadie iba a cambiar algo asi, la tela brillaba fruto de la excitación del momento, dejando claro que no era un gesto obligado, que estaba tan excitada como yo, aunque al ver lo mismo que yo, se abalanzó sobre mi mano como una cobra.

Sus uñas arañaron mi piel por primera vez agarrando la tela, pero mi gesto fue igualmente rápido cerrando mi mano.

La tela se estiró dejando ver mejor las braguitas, varias gomas salían de una tela completamente translucida y que hacen que una mujer pueda estar vestida y desnuda a la vez, un corte asimétrico y atrevido en lo que se podía ver mínimamente.

Los dos aflojamos los brazos destensando la tela y un oportuno solido de la puerta del  ascensor indicando que teníamos visita me permitió dar el tirón decisivo para quedarme con la prenda en las manos.

La visita era del jefe de departamento que peor se llevaba con Alba, asi que entró rápido intentando que Alba no le parase, algo que esta vez tenía fácil ya que ella estaba aún intentando asimilar lo que estaba pasando

— JEEEFEEE — dijo alargando su mano mientras veía cómo me llevaba la prenda a mi bolsillo

— Danos un segundo Alba — intervino nuestro incómodo invitado

Normalmente Alba habría contestado algo tipo “creo que puedes hablar en mi presencia, para buscar su puesto y mi apoyo”, pero esta vez se fue a su mesa con una mirada de esas que matan; pero nada más llegar a su mesa pude ver en ese reflejo que mantengo en secreto cómo se desplomaba sobre la silla y se llevaba las manos a la cabeza apoyando los codos en la mesa.

La consulta no duró mucho, la corté relativamente rápido porque lo único que podía hacer era acariciar la tela mojada entre mis dedos… buscando impregnarme de aquél olor mientras por otro lado miraba cómo se encerraba en si misma Alba.

Forzando que nos dejasen solos acompañé a la puerta a nuestro invitado y me dirigí directamente hacia Alba. Se había puesto a teclear en el ordenador para que no la vieran afectada, escondida detrás de esas pantallas que tanto me gustan y que esta vez eran un escudo para ella.

Metí mi mano en mi bolsillo y sin decir nada alargué mi mano y sin mirar extendí mi mano sobre su monitor. Al abrir la mano sentí cómo las braguitas colgaron sobre mi mano y cómo rápidamente su mano agarró su prenda.

Me fui a mi mesa disfrutando del olor de mi mano mojada… sabiendo que eso no podría olvidarlo… y quizá tampoco volver a saborearlo, asi que besé aquella humedad para impregnar mis labios.

El resto del día transcurrió en un silencio poco habitual, y el poco contacto que teníamos era muy muy formal, con una excepción, que cada vez que venía y en especial al alejarse, la miraba preguntándome si llevaría puestas mis braguitas o no, y clavaba mi mirada en su firme trasero viendo cómo vibraba a cada paso e imaginando todo lo que podría pasar si de repente subiera su falda y viera su culo desnudo… tanto que cuando se despidió, camino a su fiesta de cumpleaños, no puede evitar desabrochar la cremallera de mi pantalón, echar la cabeza hacia atrás y tocarme allí ante ella y sólo parapetado por la pantalla de mi ordenador, por un lado rezando para que se diera la vuelta y por otro sabiendo que no lo haría….

Escuché la puerta de cristal cerrarse y solté los botones de mi pantalón… mi polla estaba enorme, durísima, la agarré fuerte con mi mano derecha y sentí con el primer movimiento cómo me había empapado a lo largo del día. El olor era penetrante a sexo y mi deseo infinito, la veía subiendo la falda y apoyando sus codos en mi mesa, reclinada ofreciéndome aquella vista que llevaba todo el día en mi mente, un precioso y desconocido culo, las piernas ligeramente abiertas para dejarme ver todo su sexo en su máximo esplendor y su cabeza girada, mirando hacia atrás para ver mi cuerpo poseerla….

Ese ano apretado pidiéndome a gritos un dedo mojado mientras mi polla busca su camino dentro de ella… el olor de su sexo mojado, todo el día pendiente de mi, todo el día goteando para que yo lo disfrute… las bragas en mi boca y mi polla dentro de ella… una y otra vez… embistiendo fuerte…. BUMMM, BUMMMM

Mi cuerpo temblaba mientras yo gemía del más puro placer… mientras mi mano seguía subiendo y bajando, mientras mi leche ensuciaba mi camisa, mis bóxer y mis pantalones, no podía parar, no quería parar… mi semen bajaba por mi mano mientras yo sentía el calor de su coño, mientras yo sentía que era su interior el que me daba calor…. Hasta que exhausto abrí los ojos y  me encontré completamente sucio… sin ningún control… toda la ropa llena de mis deseos contenidos de follarla durante todo un día una y otra vez… y todos juntos en una sola vez…

— Límpiame — verbalice — límpiame con tu lengua, te quiero sucia Alba, sucia de mi…

Tuve que cambiarme entero, pantalones, camisa, hasta el bóxer estaba tan sucio que tuve que quitármelo, aunque bóxer no tenía de repuesto en el despacho, no se supone que uno se ensucia de esta forma en la oficina.

Al salir, me iba a casa y me encontré con Alba en la calle que regresaba a la oficina.

— Jefe!!!, que esto… yo… — su voz temblaba y a la vez quería disculparse y supongo que cerrar un extraño capítulo de un extraño día… — ¿te has cambiado de ropa?

— Eh… si, bueno da igual, me he manchado, nada más, y tranquila — cambiando de tema y facilitando su inquietud — no tienes que preocuparte por nada, simplemente hemos vivido algo increíble y que seguramente ni tu, ni yo olvidemos nunca, pero eso no cambia nada, todo sigue igual y mañana espero verte igual en la oficina contándome cómo está todo

— Bueno, si… — balbuceó — pero yo… simplemente quería decirte que si quieres… puedes venir a mi fiesta

Lo dudé… lo dudé unos segundos, pero tenía que ser yo… tenía que contestar así, aunque aquello provocó de nuevo mi excitación:

— ¿y si alguien me pregunta qué te he regalado?

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