Adorada
La suela roja del zapato resbalaba sobre el vidrio y la sensación de que se podía romper no mejoraba mi seguridad, pero poco a poco me fui estirando y viéndolo todo desde lo alto.
Me miraba sonriente, como quién va a poner una medalla a su ídolo. Es curioso, se que le gusta dominar la situación y me estaba haciendo sentir ADORADA, como si fuese la mismísima Venus.