Lo primero que sentí fue un escalofrío que me recorrió de abajo a arriba toda la espalda. Luego un calor inmenso en las mejillas. Estaba claro que me estaba poniendo colorada como un tomate y esa sensación me hacía sentir desnuda...

— ¿No contestas?

— Ufff, es que la pregunta se las trae...

— Pero si todos sabemos la respuesta.. — continuo hablando como si me conociese

— No creo que me conozcáis tan bien como para saber eso.

Se miraron los dos y sonrieron como si yo fuese transparente y así me hicieron sentir; parece que no sólo estaba desnuda sino que además se veía a través de mi. Eso provocó que ni me atreviera a mirar a los ojos de mi pareja; que ni siquiera habría la boca, como esperando mi respuesta; pero digo yo que algo tendría también que opinar. En esto somos uno sólo; o deberíamos serlo. Quizá justo es lo que no somos. Otro escalofrío recorrió mi cuerpo y vi cómo el vello de mi brazo se erizaba; como si hubiera salido a dar una vuelta en el polo norte en ropa interior. ¿Estaba cambiando mi vida?

— Vale, ¡comprobémoslo! — continuo aquella mujer que tanto presumía de conocerme mientras se ponía de pié para sentarse a mi lado

— ¡ Juguemos a un juego!. Yo iré contando una serie de anécdotas, de historias. Tu te las vas imaginando y sobretodo nos aseguraremos de que las sientes profundamente...

Al decir profundamente, sus pupilas se abrieron como las del lobo antes de devorar a Caperucita... la miré.

Su sonrisa era amplía, segura de si misma. El atuendo de tendencia gótica suave: una preciosa gargantilla negra al cuello, un cuerpo cuidado apretado por un corsé oscuro; de los que llaman la atención y te hacen mirar a su pecho; No resultaba grotesco, al contrario, era una de esas combinaciones de elegancia y atrevimiento que te hacen desear parecerte a esa mujer. Su cintura estrecha, sus caderas anchas. El ideal de cualquier hombre o mujer. Y descarada: Al pasar por encima de su pareja, esta le tocó el culo con fuerza, y sin vergüenza alguna; se veía que estaban orgullosos de mostrar estos gestos en público.

Se sentó a mi lado empujándome al centro de aquel sofá corrido, aprisionándome entre mi pareja y ella. Sabiendo de qué iba el tema, los escalofríos que antes me habían recorrido, se transformaban en esas mariposas en el estómago que por un lado te gustan y por otro te hacen temblar. Miré a mi pareja que asistió con un gesto de "no perdemos nada"

— ¿Y cómo te vas a asegurar de eso? — según hacía la pregunta me empezaba a arrepentir. En primer lugar porque era tonta e infantil; en segundo porque no estaba segura de querer oir la respuesta. Lo cierto es que ella entendió que era fruto de mi nerviosismo y ni contesto.

— Cierra los ojos — ordenó mientras se estiraba para decirle algo a mi pareja.

Esta posición hacía que mis ojos quedasen delante de tus pecho y el reducido espacio que mi cara prácticamente lo rozase. No era una postura muy cómoda, y perdía el equilibrio buscando que yo no escuchase lo que le decía. Puse mi mano sobre su cadera para sujetarla. Mis dedos rozaban su culo, como era de esperar, estaba firme, dura, con las piernas y los glúteos contraídos. El tacto suave del pantalón me hacían suponer el porqué su pareja no evitó el tocarla...

Al volver a sentarse a mi lado, su sonrisa era más perversa aún;  la de mi pareja indicaba que lo que le había dicho me iba a poner en una situación, cuando menos incómoda. Aunque reconozco que aquello me atraía tanto como miedo me daba. Cerré los ojos antes de que notasen que les estaba "escaneando" a los dos.

Lo primero que sentí fueron sus manos en mi cara, estaban frías y me sobresaltó. Más tarde, poco a poco, sus caricias por mi mejilla me fueron relajando al compás de su voz

— tranquila... simplemente quiero que te relajes... porque te voy a contar una historia de una chica como tu... guapa... atrevida... sensual... capaz de sentir lo que a su alrededor ocurre...

Su relato empezaba envolviéndome en piropos:  guapa atrevida y sensual. "¿Quién no quiere sentir eso?" pensé y sonreí ante ese deseo de seducirme fácilmente. Funcionaba.

Con los ojos cerrados me relajé en el sillón. Sentía moverse su cuerpo rozando mis desnudos brazos y mi piel erizada. Oía sus gestos, moviendo las manos, dirigiendo seguramente la atención de los ojos de nuestras parejas a mi piel, a mis reacciones. Sentía cómo mi pecho se endurecía y la falta de sujetador a buen seguro denotaba mi excitación a través de mi ajustado atuendo. No me quise agobiar, quizá era sólo mi vergüenza la que hablaba.

"Se tumbó ante todos, mirada, observada mientras su desnudo cuerpo exhibía sus profundas curvas... hacía calor y el sol doraba su tostada piel tiñendo las escasas marcas del bañador que aún persistían de aquellas ya lejanas vacaciones... no le importaba sentir aquellas miradas, al contrario, estimulaban su mente y se sabía protegida al estar a su lado.

Empezó a ponerle ese deslizante aceite que sintió frío al primer contacto....". Al decir esto, tocaron mis hombros, supongo que con el vaso frío de cerveza que presidía la mesa. Sobresaltada respiré casi incorporándome. Las risas de los que me miraban no me gustaban, pero ya estaba claro de qué iba este juego: Querían reírse de mi y no estaba dispuesta a demasiado margen. Apreté mis labios y me puse seria, quería seguir ese juego pero mi expresión sería más neutra desde ahora... borré mi sonrisa mientras su voz se volvía a colar en mis oídos.

" deslizaba sus cálidas manos por sus hombros, extendiendo el aceite, siendo la envidia de todos..."

Un suave masaje aplacó el frío secando el agua que el vaso había dejado en mi piel. El tacto de una mujer en mi piel, con una actitud claramente sexual al acercarse por mis hombros en dirección a mi escote, me atraía. Más por la idea de imaginar la cara de mi amante que por mi sexualidad, pero reconocía que la forma de la caricia era diferente. Más suave y presionando de forma diferente, buscando una sensación de masaje en mi cuerpo que no había antes sentido y que captaba mi atención...

"poco a poco extender aquel aceite pasó a ser algo más sexual. Ella sentía cómo su cuerpo se empapaba lentamente ante aquel masaje de clara intención. Permanecía inmóvil.  Disimulaba su excitación mientras pensaba que la miraban... pero las caricias se fueron acercando al final de su biquini...."

Sentí de repente como las manos rozaban mis muslos y se lanzaban directamente contra mi sexo. Me enfadé, no eran formas, no así, no por una mujer sin mi permiso y menos aún delante de la gente.... abrí los ojos mientras mi cuerpo saltaba hacia el asiento y mis manos bloqueaban su brazo.

— ¿Quién te ha dado permiso...  — no terminé la frase..., mi pregunta y mi mirada iban directamente contra ella y me di cuenta de que el brazo que apretaban mis manos era el de mi pareja...

Me ruboricé, mejor dicho, me bloqueé... y más aún cuando cariñosamente aquella mujer me sonrió... y me dijo:

— Nunca haré nada que no sepa que te va a gustar... y para eso eres tu quién tiene que darme permiso... pero con este freno, empieza lo que yo deseo... saber...

— ¿saber?

— Hace unos minutos, justo antes de este juego, te acabamos de contar que somos swinger y te hemos preguntado si te gustaría acostarte con tu pareja delante de nosotros. Ahora iré más lejos: Tu, y solo Tu podrás unirte a nosotros, pero si te unes, dejarás también la puerta abierta a que tanto yo como mi pareja "juguemos" también contigo. Y cuando acabemos contigo tu pareja, sin poder mirar tu expresión decidirá si quiere entrar después de verte, y decidirá cómo se puede unir; eso será cosa suya. Quizá decida tocarte a ti... o quizá lo haga conmigo; dudo que lo haga con mi pareja que tanto está sonriendo, pero quién sabe... jajajaja... y para eso, para llegar a esto, quiero saber si estás excitada...

La fuerza de mis manos había desaparecido y mi pareja no había sacado su mano de mis muslos, al contrario, ahora volvía a profundizar para no dejarme pensar... volví a hacer fuerza, pero ya sin control... realmente estaba muy excitada, podía ver que nadie fuera de aquella mesa me miraba y que a los que me rodeaban les brillaban los ojos

— Si... — contesté tímidamente — estoy excitada. Me gustó excitarme sabiendo que me mirabas...

— Yo no era la única que lo hacía...

— Que me mirabais... — corregí mirando al resto

— ¿Y qué te excitaba?

— bffff.... — no estaba acostumbrada a hablar de mi excitación, pero menos aún en público

— Tranquila... no te agobies...

Fue preguntando y preguntando lentamente... que si me gustó su voz, si me gustó que la mirase, que me tocase; que la mirase mi pareja o la suya. Fue analizando mi mente y yo me fui excitando más y más. Hablar de sexo es estimulante, pero hablar libremente de ti, de tus deseos mientras te confiesan que les gusta tu cuerpo o tu mirada, es aún más increible. Ves que desean verte y tocarte y que se controla el deseo hasta que explota. Que todo lleva sus plazos, que ese mundo es tan respetuoso como cada persona desee. Estaba empapada, tanto que me daba vergüenza levantarme, se me habría empapado hasta la falda... y tenía ganas de que lo supieran

Esa noche no acabamos juntos los 4... pero si que mi excitación acabó en manos de aquel amante, su insistencia nos llevó a buscar, la búsqueda al descubrimiento... el descubrimiento nos descolocó... sobretodo me descolocó... y mi vida cambió.

Poco a poco fui cayendo en manos del exhibicionismo, del compartir... de la bisexualidad incluso... poco a poco fui cayendo en las manos de otros hombres mientras el mío disfrutaba de otras mujeres ante mi... poco a poco descubrí los tríos... las orgías. Un mundo para mi desconocido... cambié de pareja, cambié de vida y muchas más cosas que descubrí...

¿queréis seguir mi historia?... preguntad... así empecé yo...

mujer invitandote a acercarte