” Te voy a follar” me dice… y no puedo evitar verle a mi espalda, con su torso desnudo y su sexo amenazante, dispuesto  precisamente a eso: a follarme. A arrancarme las braguitas que tan cuidadosamente elegí esta mañana y que ahora están mojadas, empapadas más bien de tanto pensar en el.
Aún siento a la niña que llevo dentro; más bien creo que sigo siendo esa niña a la que le escandalizan los insultos, las palabras soeces, el “joder” o ese “estoy hasta los huevos”. ¿La gente ya no es educada?, me pregunto. Pero cuando escucho “ven aquí… ¿vas a ser mi puta?” mi mente desconecta del resto del mundo y llegaría al orgasmo sin que me tocasen. El tono de la voz, el deseo que desprende en cada palabra, su intención, su instinto animal. No se qué me pasa, pero necesito esas palabras, escucharlas y saber que detrás de ellas viene el; que tomará mi deseo y lo convertirá en un hecho; que mis sueños serán el simple recuerdo de lo que ya ha sucedido…
“Se que tu coño está mojado, se que deseas que te coma el coño…” espero este mensaje como si me dijera que me ha tocado la lotería y quiero contestar con su mismo lenguaje; pero mi mente sólo dice “Si, tómame, hazme tuya”. Se que él espera algo más salvaje, como lo que el dice, algo como: “Tu puta te espera con las bragas en la boca porque tenía sed”; algo como “dame tu polla, quiero su sabor en mi garganta. Quiero tu leche y voy a exprimir tu cuerpo y tragarme tu polla hasta atragantarme…” y eso es lo que quiero decirle; pero el simple pensamiento me ruboriza y creo que va a pensar que soy vulgar.
Odio sentirme así; odio tener educación cuando mi instinto me dice lo contrario; pero siento que no debo ser así. Y me muero de ganas por que salga mi otro yo. La que se oculta tras unas medias caras y un traje de diseño. Sueño con que me tire del pelo para empotrarme con más fuerza y quiero gritar, quiero sentir un azote de esos de película y ver su instinto desbocado mientras le digo “FÓLLAME” en un aparcamiento oscuro porque no nos dio tiempo a llegar al coche.
Quiero despertar con mi sexo enrojecido por haber jugado más de lo que nunca he soñado; marearme de tanto respirar… de tanto gemido. Ver cómo mi pelo es una madeja de estropajos; mi ropa por el suelo, sin orden o incluso rota y ver que mis manos juegan con su cuerpo tanto como mi boca. Que sus gemidos descubran que soy yo, mi otra yo la que va a convertirse en inolvidable.
Deseo sacarme fotos desnuda o con su polla en mi boca. Verlas en el móvil mientras me masturbo con ellas en el baño del trabajo. Sacarme otras con un consolador allí mismo y enviarlas para que el haga lo mismo; y cuando nos veamos, olernos y oler a sexo, a sudor, a deseo…
Quiero poder masturbarlo en el coche, sin importarme si me van a ver y bailar con una barra entre mis piernas. Ponerme unas esposas en el cabecero de la cama para no poder escapar de estos deseos; quiero lamer su sexo durante horas y ver cómo se rompe entre mis labios llenando mi cara de su interior. Poder sentarme sobre su boca para que huela a mi todo el día. Quiero sentir su polla en mis manos, “empalmado” como dice el, y apretar fuerte mientras le miro a los ojos y quiero llevarme “su polla a mi coño” y ser yo la que cabalgue sobre el, como esa “puta” que todo hombre desea en su pareja:
“Voy a follarte tan duro que no vas a poder ponerte de pie en dos días”… me dice, y yo empapada, me ajusto las gafas a la cara y le contesto:
— ¿fría o caliente?
— ¿como?
— la leche, ¿cómo la quieres?. Como hace tan buen tiempo a lo mejor quieres el café templado
— ardiendo… me gusta el café ardiendo.
No podía ser de otra manera, así estaba yo desde aquél día, aquél en el que hablaba con sus amigotes mientras yo escuchaba su conversación desde la barra, parapetada en mi recinto de seguridad mientras mi cuerpo despertaba, sin poder mantenerme de pie, sin saber qué hacer porque mi sexo me dolía de tanta excitación…
El no sabe que ya no puedo mirarle igual, que deseo ser ella, que deseo escuchar aquellas palabras que recomendaba decirle a su amigo entre bromas, que necesito su cuerpo en el mio… y que la “perra” en celo soy yo, que soy otra, que se que en sus manos perderé la vergüenza y diré todo eso que un hombre como el quiere escuchar
Escucho su voz, y sus palabras ya no dicen “buenos días, ¿me pones un café?”, yo sólo escucho: “Voy a saltar la barra y te voy a meter mi polla por el culo hasta que revientes”… y un día tendré que explicárselo…