— ¡ Devuélveme mi CORDURA! — le grité al viento
Evidentemente no era al viento al que me dirigía, pensaba en una persona determinada, ¿qué otra cosa que esa estúpida combinación entre amor y sexo que siempre entrego en cada relación? pero allí estaba yo, medio desnuda, siguiendo un extraño juego de pistas por toda la ciudad.
Empezó como todos sus juegos con un mensaje, esta vez en el correo electrónico:
“Hoy empieza tu juego. A partir de hoy no habrá más excusas, a partir de hoy verás tu cuerpo como yo lo veo, verás lo que vas a causar, verás lo que gustas y lo que te envidiarán muchas y verás lo que me envidiarán a mi muchos, pero tu objetivo no es ese, ese es el mío, que entiendas porqué no puedo dejar de pensar en ti, porqué no puedo dejar de desearte. El tuyo será tenerme para ti, el tuyo será hacer el amor durante horas, será dormir conmigo y levantarte y hacer el amor antes de ir a trabajar, con esa sensación de no poder más, de estar agotada y querer más y más otra vez.”
Hacía siglos que no le veía, hacía siglos que sus letras no llegaban a mi de forma tan directa. Creo que he desgastado la pantalla releyendo la última frase una y otra vez, sintiendo en mi sexo esa punzada, ese agotamiento que su sexo produce cuando me llena por completo mi cuerpo. Fue ver el mensaje y mi mente se fue a su ropa preferida, las medias, ese tanga que me compré para el, transparencias en mi pecho, los tacones más altos que el Empire State. Luego volví a mi mente, imaginé de nuevo se sexo en mis manos, sentado en mi cama, con ese pantalón negro tan fíno que tiene y que hace que su sexo se marque tanto que la gente se gira por la calle y vi mi mano a su lado, marcando su forma con todo detalle, sus piernas abiertas y mi cuerpo arrodillado ante el, disfrutando del momento. Sentí su mirada clavada en mi cuerpo desnudo y me excité como para tener que levantarme de la silla y no poder.
No se cómo lo consigue, pero un correo suyo es el mejor afrodisiaco que conozco. Siempre consigue excitarme. Tenía que dejar tiempo para contestar y que no viera que le deseo tanto, pero yo jamás he seguido esas tonterías y el tampoco. Sabemos lo que somos y porqué estamos juntos.
Contesté:
“Acepto el juego. No se las reglas pero si vas a conseguir sacarme de mi rutina y que duermas a mi lado, acepto.
P.D.: Estoy haciendo mucha gimnasia, me he puesto en forma y estoy segura de que aguantaré mucho más que la última vez, así que espero el juego de la talla”
Como en la película “the game”, el juego empezó. Llegaban a casa regalos absurdos con números, letras, acertijos y otros con ropa interior o con retos y pruebas. En todas parecía que me espiaba, que sabía siempre cuando iba a hacer las cosas y cómo las haría porque por la calle me encontraba pistas y alguna eran paquetes en medio de la calle, no podía estar todo el día vigilando que nadie se lo llevase ¿no?, yo le buscaba, sabía que estaría allí y eso hacía que me excitase y que me volviese como hoy: LOCA.
Estoy en una de esas playas paradisiacas, desierta, con sólo ese bañador que me ha enviado sacándome una foto de alguna forma que el no espera y con esa foto, colgada en twitter, conseguiré que un desconocido me de la llave de la habitación del hotel donde el me espera. Los tacones se me clavan en el suelo, hace frío y mi piel está mojada, parte por las olas, parte porque se que me está mirando y eso me excita. Ahora va a ser el quién sufra.
Mensaje de twitter:
“La foto que pides y si alguien me ve, que no se pierda a una loca desnuda ardiendo en deseo para que se vea lo que sus dedos pueden hacer.”
Quizá con esto gane algo más que una llave, aunque como venga aquí el desconocido me muero.