– ¡Tienes 18 años!
– Bueno, ya es legal, ¿no?
– Es amoral y sabes que imposible
– Es deseo, es verano, estás morena y guapísima, estás sola.
– Es una estupidez – dije mientras le cerraba  otra vez la puerta en las narices
Había mil historias de seducción entre una mujer mayor y un crío, y mil veces había sonreído asegurando que no era posible, que esa situación sólo se puede dar con mujeres que provocan, pero no. El simple hecho de estar separada, de vivir sola en mi caso fue suficiente para que un amigo de mi hija se encaprichase conmigo. 
Aún recuerdo cuando un día se presenta Fernando y me dice que tiene que hablar conmigo. Casi me da un infarto porque pensé que algo le estaba pasando a mi hija y que sus amigos me tenían que avisar, se me pasaron por la cabeza drogas, anorexias, novios peligrosos, escapadas de casa, problemas con su padre… pensé mil cosas en los 5 minutos que Fernando estaba sentado delante de mi sin saber cómo empezar y contando "cosas que pasan".

Lo cierto es que cuando me dijo que quería "conocerme, estar conmigo" no entendí nada, pero me sentí tan aliviada que sólo pude decir "osea ¿que a Luz no le pasa nada?" y respiré. La conversación que luego aparece es subrealista, un niño con cero capacidad de seducción no puede gustarte, sencillamente te provoca risa, pero no puedes reírte, claro. Le guardas el secreto para que tu hija no le mande a la mierda y quizá esa fue su arma más poderosa, que lleva 2 años enviándome fotos de su cuerpo desnudo, poemas, y mil tonterías más. No voy a negar que el chico es guapísimo, tiene un cuerpo de infarto, un aparato sobresaliente y que más de una noche, he cogido mi juguete más grande y puesto su foto en el móvil imaginando que sucumbo a su juventud, justo antes de borrarla.
– No es una estupidez, veo cómo me miras
– ¿pero? ¿por donde has entrado? y ¿que parte de es imposible no entiendes? – es la primera vez que se cuela en casa sin mi permiso
– Por la ventana, está abierta y no pienso irme hoy
Al girarme para enviarlo a la calle, le veo desnudo, pero esta vez no es una foto. Su pene es más grande en la realidad que en la foto y desafía a la gravedad con toda su juventud. No me atrevo a tocarle ni el hombro. Sus músculos marcados están tensos. Su postura está forzada, estudiada.
– ¡¡Fernando!! – le grito para que se vista – LARGO DE AQUÍ!!
– ¡Vale!, como quieras, pero luego no me digas que los vecinos hablan – se dirige a la puerta desnudo, desafiante
Yo aguanto porque se que no lo va a hacer.
Abre la puerta y ¿sale?… ¡¡ está desnudo en la calle !! y la ropa tirada en mi salón
– ¡¡Fernando, por Dios!! – grito desde la cocina con más vergüenza que él
Entra pausado. Parece otro. Seguro de lo que hace. Cierra la puerta tras el y se apoya contra la pared
– Reconoce que te gusto – este es uno de esos momentos en los que no sabes qué decir, si le ofendes o si le dices que es guapo pero que es un niño.
No contesté. Me di la vuelta ignorando su desnudez. Un segundo más tarde, como si se hubiera teletransportado a mi lado le sentí en mi espalda, lo primero su sexo entre mis piernas, mi pareo era lo único que lo separaba de sentirlo entre mis piernas y detrás vinieron sus manos rodeándome, intentando abrazarme o inmovilizarme, aun no se que intentaba. Me giré como pude entre sus brazos. Mi mano en el giro tocó su sexo. Estaba duro y sentirlo me hizo desearlo, no podía confesarlo pero tanto tiempo sin tocar a un hombre reconozco que me ha hecho débil. Subí las manos empujando su cuerpo hacia atrás su pecho estaba tan duro como su sexo, su piel joven, estaba depilado completamente, algo que no me gusta especialmente y que encima le daba un aspecto de más niño aún, pero su sexo seguía rozándome, esta vez en la cara interior de mis muslos.
– ¡Estate quieta! –  se atrevió a decir
Cogió mis brazos por las muñecas y forzó una de ellas a que le tocase sus testículos. Yo cerré la mano para no ayudarle en su fantasía dominante, pero me excité muchísimo. Veía cómo luchaba por mi, cómo buscaba excitarme y la parte baja de mi biquini empezaba a buen seguro a mojarse.
Relajé mi cuerpo en un cambio de actitud, primero para no hacerle daño ahí, segundo porque me gustaba estar ahí… dejando que usase mis puños mientras yo ponía cara de "¿ya has acabado?"
Al sentir mi relajación soltó una de mis manos, la que no estaba bajo su sexo y se lanzó sin previo aviso a mi entrepierna. Instintivamente eché mi culo para atrás, pero choqué con los muebles de la cocina. El forzó su mano bajo el pareo que le separaba de las bragas del biquini. Sentí cómo uno de sus dedos llegaba a tu objetivo mientras le solté una bofetada que se pudo escuchar en la luna.
– Lo sabía – no le había importado el tortazo, supongo que lo esperaba, sólo se centraba en lo que había sentido – estás mojada. Te gusto
– ¡No estoy mojada! – no es que sea un argumento muy válido justo después de que lo comprobase el mismo, pero en esos momentos no piensas
– Oh… si que lo estás – dijo con un tono chulesco que me hizo mojarme más.
Sentí como mi cara se enrojecía por segundos. Sin saber qué decir o cómo reaccionar al ser descubierta sólo supe salir de entre los muebles y su cuerpo. Me fui hacia el salón y al primer paso me volvió a coger de la muñeca. Tiré fuerte de el, para soltarme pero torpe de mi, o de el, tropezó con el tirón cayendo sobre mi. No me lo podía creer. Ni en una película de enredo ocurre esto. Su cuerpo sobre mi, aplastándome torpemente, su cuerpo empalmado y yo debajo sintiendo más que pensando.
Al verse así, más rápido que yo, cogió mis muñecas, se sentó sobre mi y me inmovilizó definitivamente.
– ¡DÉJAME! – grité, supongo con cada vez menos ganas de que me hiciera caso
Se lanzó a besar mi cuello, yo movía la cabeza para apartarlo de mi, pero sentía su torpe lengua en mi piel y me encantaba. Era morboso y me hacía sentir joven y en peligro. Su polla se levantaba más allá de mi vientre y se aplastaba entre los dos cuerpos cuando el bajaba a besar mi cuello
– Te deseo, te he deseado desde que te conozco – decía mientras me besaba el cuello…
Fue lo último que dijo antes de que mi lengua entrase en su boca. Fue un acto reflejo. Más de un año sin tener el cuerpo de un hombre y mi sexo ya no me permitía pensar. Su lengua era lenta y patosa y no sabía qué hacer, pero su polla se endurecía entre los dos cuerpos. Soltó mis manos y yo tiré de su cabeza hacia mi con una mano y con la otra fui directa a agarrar su polla. La apreté con todas mis fuerzas y subí y bajé para que ese miembro tan grueso violase mi mano, sentía como su fuerza atravesaba mis manos, resbalaba entre mis dedos mientras el gozaba a gritos entre mis caricias. Se corrió en segundos y yo quería más. No podía parar ahí. 
Empujé su cabeza hacia abajo para que chupase mi húmedo cuerpo, para que devorase mi interior. No dije nada sólo abrí mis piernas y bajé mi bañador dejando mi coño a su vista. Sonrió tanto que me dio vergüenza y apreté su cara contra mi cuerpo obligándole a comerme. Devoraba mi sexo, con fuerza. Creo que nunca lo había hecho antes, no sabía cómo era, no sabía por donde ir, pero era todo fuerza todo ganas. Yo miraba su cuerpo. Su polla estaba otra vez como si no hubiera manchado mi cuerpo, erecta, desafiante.
Me giré completamente y le tumbé en el frío suelo. Sin decir nada, no podía, me senté sobre el, a horcajadas, cogí su sexo y lo introduje en mi húmedo coño. El se quedó quieto. Iba a follarle una mujer mayor que él, alguien que podía ser su madre, pero que no lo era. Era yo, una mujer guapa, de cuarenta y tantos, con un cuerpo cuidado y que se merecía aquello después de tanto tiempo. Cabalgué sobre el lo que quise, vacié su cuerpo dos veces más sin que apenas necesitase tiempo para recuperarse. Me corrí 5 veces yo a cambio y le enseñe que aún había mucha mujer en mi.
Mis sueños son ahora con él. Se escapa cuando mi hija sale con su grupo para venir a follarme y yo le enseño a besar, a seducir, a hacer el amor a una mujer… es mi amante. Mi joven amante.