Fue verle y sentir aquellas mariposas de los primeros amores. Recordé aquellas tardes corriendo a escondernos en alguna calle oscura para darnos mil besos eternos y meternos mano bajo la ropa.
Habían pasado algunos años, demasiados… universidad, boda, hijos… una vida me separaba de aquella sonrisa que seguía siendo la más alegre del mundo. En cuanto me miró, igual que a mi, se le iluminó la cara…
— Cada día más guapa…
Ese era su saludo cada día y yo contestaba… “toda tuya… te la regalo” y quizá debería haber contestado eso, pero no me atreví:
— Ya no, mi niño, ya no… ¡Dame un abrazo!
Me dio el abrazo pedido y mi cuerpo se pegó al suyo recordando la ultima vez que ocurrió… en esa amarga despedida en la que ninguno se habría separado del otro pero que el tiempo se encargó de enfriar. Me fui a vivir tan lejos que poco a poco fuimos olvidando el calor de nuestros cuerpos y ahora sólo nos mantienen unidos un bonito mensaje de navidad y las fotos del facebook. Sentí su corazón latir rápido y me gustó, porque el mío se movía igual, sentí la fuerza de sus brazos alrededor de mis espalda y sus manos grandes y cerré los ojos como si le besase… pero no lo hice y el abrazo poco a poco se aflojó y mis talones volvieron a poner los tacones en el suelo.
— Se han ido muchos años…
— y parte de mi pelo
— jajajaja… estás muy bien, mantienes tu sonrisa que siempre ha sido tu mejor atractivo
— sería imposible no sonreir al verte ¿qué tal todo?
La conversación era relajada y sencilla, podíamos tocarnos, sonreir… reir y hablamos de familias, de trabajo, de sueños de adolescentes que ambos habíamos incumplido…
— ¿nos hemos equivocado de vida?
— no lo se…
— es curioso cómo a tu lado esos sueños vuelven a sentirse posibles
— los generamos juntos… y eran posibles
— ehh!!… nos falta aún media vida… — es una frase que siempre digo pero que pocas veces cumplo con su verdadero significado
— tendrías que cambiarla entera
— ¿y tu? ¿lo harías?
Esa pregunta no era correcta, ni siquiera fácil de contestar, porque en el fondo era una invitación al cambio cuando en realidad esos sueños eran comunes y yo no soy tan valiente como para cambiar pero la constestó:
— Nunca serían como los soñamos juntos. Nuestras vidas son distintas y nos hemos autoimpuesto unas obligaciones que tardarán en irse y cuando se vayan. Seguramente nos habremos inventado otras…. pero cambiaría cosas… pequeños cambios; pequeños comienzos que quizá sean como el batir famoso de las alas de mariposa.
— ¡Hazlo!, ¡Cambia cosas!, mereces tus propios sueños y tienes que ser TU… con mayúsculas
Se hizo un silencio en el que su mirada me taladró hasta el alma. Llegó a descubrirme ese punto del alma dónde sin saberlo tenía yo un trozo de la suya. En ese momento supe perfectamente lo que pensaba…
Su mano rozaría mi mejilla e iría directa a mi nuca; con fuerza  llevaría mi boca hacia la suya y sus labios provocarían que mi piel se erizara. Su lengua violaría sin preguntar el espacio de mi boca y robaría mi aliento de mis pulmones con tanta fuerza que respiraría desde dentro de mi.
Mi cuerpo se estremeció al sentir aquello y mi piel se erizó antes de que su mano siquiera me rozase; mis ojos se abrieron y mi vida dejó de importarme. La ropa me quemaba y sólo deseaba tenerle una vez más… A él, a sus sueños, a su cuerpo.
Recordé su sexo en mis manos, lo que sentí al verle sonreir la primera vez que mis besos llegaron hasta allí… Su sabor como si lo tuviese en mis labios en ese momento y el calor que se sentí al tenerle dentro, tan grande, tan mío… Recordé incluso el miedo adolescente de que me penetrase con todo aquello y que me hiciese daño… Volví a ser virgen y volví a sentir el deseo de dejar de serlo… Recordé las palabras que le dije… “quiero hacerlo, quiero hacerlo hoy… quiero tenerte para siempre en mi… en mi memoria”… Me di cuenta de que efectivamente lo había guardado en mi alma, profundo, y que ahora llamaba a las puertas de mi deseo.
El mundo había cambiado, pero yo no… y mi mano no pudo esperar a la suya. La puse sobre su pierna, acercándolo a mi… y sin pensar en donde estaba o si el quería o no, me senté sobre el, como una adolescente, la falda subida para poder abarcarle, las manos en su cara, mi pecho buscando rozarse con su boca y mi boca besando y besando…
Se levantó conmigo encima, más fuerte aún de lo que yo recordaba y me empujó contra la pared del pasillo que conducía al baño y que nos permitía una falsa intimidad. Mi cabeza golpeó la pared sin que el dolor llegase a mi cerebro, tenía otras sensaciones que procesar. Mis manos buscaban impacientes desabrochar su pantalón y las suyas arrancaban mis braguitas de mi cuerpo que empapado pedía más y más acción mientras mis piernas querían inultilmente amarrarlo y aplastarlo contra mi cuerpo.
El deseo de desnudarlo y desnudarme era tan fuerte que tenía que poner mis pies nuevamente en el suelo. Había perdido un zapato… no me importaba. Su pantalón por fin caía al suelo liberando su sexo con mis manos, lo sentía otra vez… caliente, duro, MIO. Apreté con todas mi fuerzas por puro deseo. El giró tan bruscamente que seguramente le haría daño… pero no quería soltarle. “FOLLAME” salió de mi boca… mientras mis manos conducían su sexo a la entrada de mi cuerpo, mi culo, expuesto a sus ojos, a su atenta mirada que recordaba las mil veces que su cuerpo entraba así en el mío.
Su experiencia era mayor, su entrada en mi, suave, una mano me dio ese azote inesperado que me hizo abrir los ojos y sonreir, la otra mano jugaba con mi ano, y un dedo, empapado en mis propios deseos se colaba en mi mientras su sexo buscaba mi placer ya dentro… embistiéndome, ritmicamente, suave… pero firme, un ritmo marcado y que se interrumpía para cambiarme la velocidad y que me hacía desearlo más y más. Mis gemidos deberían ser más altos, pero no quiero que nadie lo interrumpa… Allí en aquel pasillo… Sus manos subiendo por dentro de mi ropa para aplastar mi pecho que baila a su placer… Su respiración, acompasada al sonido de su cuerpo chocando contra mi culo…
El orgasmo no se hizo esperar… y mis piernas temblaron mientras el seguía buscando el suyo… Bumm, bummm… bummm… sentía el corazón salirse de mi cuerpo…
— No dejes de pensar en eso… — me interrumpió
— Qué? — respondí con vergüenza como si me hubiera leído el pensamiento
— Que creo que llevo un minuto hablando sin que me escuches… y me encanta
Sentí como mi cara se enrojecía de vergüenza y cómo su sonrisa confirmaba su situación de poder… pero qué demonios… lo que siento no me lo quita nadie, y si ya lo estoy pasando mal…
— Estoy harta!!, harta de malgastar mi vida con sueños y deseos. Acabo de soñar despierta con algo que quiero que hagas, y tu sabes qué es. Asi que tu sabrás si quieres seguirme a mi casa o prefieres quedarte ahi, soñando como yo qué hubiera pasado si tus manos rozasen mi mejilla….