Entró por la puerta y no dudó en sonreir, sabía que los viernes siempre habían sido un día especial desde sus comienzos y cada viernes que llegaba, la sonrisa se hacía más y más grande. Siempre un juego, siempre una alegría, siempre algo que hacía que sintiera que ella era en centro de su vida. Lo de menos era si era más intenso o más suave, si salía bien o acaba en risas. Lo importante era ese tiempo que le dedicaba, ese tiempo en el que exprimía su cerebro tanto como su cuerpo… gota a gota de placer, idea a idea dedicadas siempre a ella.
El camino de velas por la casa era una más, un camino que le llevaba por ahora a la planta superior. Su mente volaba, quizá su instinto más salvaje la hacía verse contra la pared del dormitorio, atada con esas cuerdas negras que sabía había comprado por internet hace unos días y que haciéndose la tonta al recoger el paquete simulaba no haber visto. Llevaba días anudándose de forma inconsciente una goma en un dedo, sintiendo el erotismo de verse atrapada entre una idea y la realidad, pero su idea estaba lejos de la realidad y no tardaría en darse cuenta de que el protocolo de ese día iba a ser mucho más largo.
Las velas le llevaron al dormitorio. Sobre la cama su indumentaria. Unas tiras de cuero que más que un sujetador era sencillamente un adorno para contemplar mejor su pecho… un tanga negro, de encaje, nuevo, asimetrías en todo y élasticos que asemejaban a cordajes, al menos en su mente, quizá porque también conocía sus gustos. Más allá el contenido de aquella caja, un par de cuerdas largas, unas correas de cuero para las muñecas, una tela negra y en la esquina, en la oscuridad de la habitación estaba su amante, en silencio, esperando.
Se quedó en la puerta contemplando la estudiada escena, las velas estaban puestas de tal forma que la sombra se concentraba en la esquina desde la que la observaban y más luz se concentraba a los pies de la cama. Unos zapatos negros de tacón de suela roja, muy llamativos al lado de un barreño antiguo de lata. Enorme, casi ocupando todo el espacio que quedaba entre la pared y la cama. Estaba lleno de agua y una esponja en el suelo hacía pensar en para qué iba a ser usado.
Dió un paso más, entrando en la habitación y aceptando así someterse a la fantasía de su amante, confiada en que iba a disfrutar de cada segundo. Nada más entrar, la música empezó a sonar, un sonido envolvente perfectamente distribuido por la habitación. La música bajaba su volumen y a través de los altavoces sonaba su voz, intensa, susurrante: “Desabrocha tu blusa”
La voz estaba claro que era en directo, se oía perfectamente el susurro desde las sombras y a través de la habitación el volumen de los altavoces la ocultaba dando la sensación de que estuviese grabada, lo que le aportaba una nueva sensación.
Empezó a desabrocharse algo nerviosa, su pecho marcaba claramente la excitación de su cuerpo y sus dedos se aceleraban. Otra vez la voz se hizo presente: “más lento…. mucho más lento… hay mucho tiempo”. Respiró profundamente y dispuesta a SENTIR el momento, se excitó tanto como relajó sus movimientos mientras recordaba las palabras que su amante siempre le había dicho: “SIENTE… simplemente, cuando estés conmigo SIENTE”
El tacto de la blusa entre sus dedos, las uñas rojas y duras chocando con los botones, el pezón marcado y el roce de sus manos para sentirlo más intensamente, y para provocar.
Los botones fueron dando paso a la piel, a la ropa interior, no especialmente sexy, tampoco especialmente vulgar… era su día especial de la semana y eso siempre hacía que estuviera lista para ser vista, pero sin excesos, al menos hasta ese momento en el que el deseo de esos excesos flotaba en el aire. Acabó de desabrocharse y bajo las manos. Sentía la mirada de su amante en su vientre, en su ombligo, en la forma del escote ahora infinito. Sentía el calor de la habitación y el de su cuerpo, la excitación y miraba aún la cama y todo lo que en ella había. En el ambiente la música, susurros cantados, ritmos sensuales, lentos, intensos, eróticos.
mujer a contraluz
“Descubre tu cuerpo, deja caer al suelo la blusa” sonó nuevamente por los altavoces. Lentamente descubrió sus hombros y dejó que la tela resbalase por su piel, provocando el primero de los escalofríos que sentiría esa tarde y noche. Nuevamente se hizo una pausa importante y acostumbrándose a la luz, sentía los movimientos en la sombra de su amante que le hacían pensar en que acariciaba su desnudo cuerpo mientras sentía su mirada pero una fuerte vela, perfectamente orientada provocaba el justo deslumbramiento como para que todo fueran sensaciones, lo suficientemente intenso como para sentir cómo sus braguitas se iban empapando.
“Sigue. Quiero ver tu cuerpo en ropa interior”. Sonrió al sentir la compenetración de su deseo con el de su amante y sintió segundos antes cómo sus pies bajaban de los zapatos y cómo su pantalón iba dejando más y más piel al juzgado y deseo de su amante que aumentaba la velocidad de su respiración hasta hacerse apreciable incluso a través de los altavoces.
Esperaba así, de pié, sujetador de tela deportivo y braguitas blancas que no podían ocultar la mancha de humedad que su cuerpo provocaba. Se sentía orgullosa de la reacción de su cuerpo y a la vez pensaba en que debería haberse vestido más atrevida, quería provocar más aún, sin saber que sus deseos estaban conectados con los de la oscuridad que la miraba: “Desnúdate”
Desnuda, la piel erizada, sus bragas empapadas en el suelo, las piernas algo abiertas para sentir el frío de la brisa que sólo se siente al estar empapada, una gota de placer deslizando por la pierna y la mirada de su amante clavada en ella, en sus formas, en su cuerpo, en ella y 3 largos minutos de silencio. Sus manos la recorrían lentamente, sintiendo, provocando lo mismo que el movimientos de las sombras provocaba en ella.
“Entra en tu baño”. Era cuestión de tiempo, estaba claro el propósito de aquel barreño y el entrar en el, provocó mayor excitación aún que el estar expuesta a sus miradas. Se quedó dentro de aquél agua que aún mantenía algo de calor, esperando, sus manos aparentemente tapaban su sexo, aunque en realidad sus dedos rozaban los labios del deseo suavemente, no permitiendo apenas sentir otra cosas que deseo de más y más.
“Cierra los ojos”. Lo hizo mientras escuchaba a su sombra acercarse a ella. El roce de la esponja en sus piernas, el agua escurriendo por el interior de su muslo y las pequeñas indicaciones del que ahora la bañaba, provocaba que sus piernas temblaran y más placer que las caricias.
El mismo protocolo fue recorriendo su cuerpo y el no poder abrir los ojos cada vez la excitaban más. “si los abres y te veo, esto terminará” la amenaza sólo incrementaba el deseo de lo prohibido y a la vez el miedo de que terminase algo como aquello pero sentir a veces que algo le rozaba y que idenficaba como parte de su cuerpo, le hacía sentir escalofríos por todo su cuerpo, escalofríos que erizaban su piel y que eran calmados por el agua tibia y la presión de la esponja en su cuerpo, en su pecho, en su vientre, en su espalda y porqué no, también en su sexo.
El baño duró tanto como el proceso lento de secado, también con los ojos cerrados, tan expuesta como hasta ahora, en sus manos.
Al volver a abrir los ojos, todo estaba ya en su sitio. La ropa con la que había llegado no estaba en el suelo, el barreño tampoco y su admirador volvía a estar en la sombra, contemplando igual que antes su desnudez. La diferencia es que el ritual ahora era contrario, ahora la iba vistiendo lentamente. El tanga, las correas del pecho, medias, tacones, pendientes… todos los detalles estaban estudiados, todo tenía sentido y con todo aquello había soñado antes. Todo se estaba cumpliendo como en aquel sueño… como en aquel relato…
Su cuerpo estaba listo para seguir más instrucciones y cuando le obligaron a leer el relato, lentamente supo que iba a pasar, había soñado con aquel relato mil veces y lo sabía de memoria, cuando colocó el texto en sus manos lo sintió todo: Sus gestos, supo cómo y cuando le arrancaría la ropa, supo cómo y la fuerza con la que quedaría atada a la pared… supo cuando le invadirían su cuerpo con besos y con su cuerpo… supo cuando su alma se rendiría… supo… supo… y no pudo evitarlo… su cuerpo se rindió EMPOTRADA contra su propia mente y sintió como un reguero de placer se derramaba por sus piernas mientras estas temblaban, y aún no le había tocado. Sólo era el poder de sus letras, de su voz, de su deseo… de sus formas
“LEE”… “LEE lo que te va a pasar”…