Cómo puede ser que los hombres estemos tan ciegos a veces. Soy un hombre de 40 años, seguro de mi mismo, con mis defectos y con mis virtudes, tengo un trabajo que me gusta y al que le dedico realmente el doble de horas de las que se supone debo hacer, pero lo cierto es que mi vida laboral depende en gran medida de mi vida social y eso hace que la parte personal y laboral se crucen. Pero no me importa, mezclo amigos con clientes y clientes con amigos y consigo incluso que amigos sean clientes y clientes se convierten en amigos de verdad con el tiempo.

 Lo cierto es que este fin de semana pasado salía por la noche con unos amigos:

– Eh!!… qué tal?

– Hombre!!,  bienvenido, ya nos estábamos extrañando de tu ausencia. – Tengo fama de llegar siempre puntual a los sitios y cuando llego con 5 minutos después, siempre la misma broma.

– Lo siento, esta vez no tengo excusa. Me he retrasado 2 minutos y medio. Creo que deberíais flagelarme

– Pues hoy…. lo cierto es que no me he traído la fusta

– ¿Quién habla de fustas?

Entró en la conversación una mujer que no había visto nunca; pelo corto, morena, con un aire, no sólo de saber controlar una conversación erótica propia de su entrada, sino con sensación de experiencia en este campo. Muy guapa, muy atractiva, sonriente.

– Os presento – dijo mi amigo.

Los dos nos miramos fíjamente a los ojos, quizá porque ya nos habíamos mirado mutuamente de arriba a abajo en fracción de segundos y poca gente me aguanta la mirada directa como lo hizo ella, sin parpadear siquiera.

En españa normalmente cuando te presentan a una chica, le das dos besos en las mejillas, pero ella se mantuvo distante, quizá porque ya le habían presentado a tanta gente, que ni le interesaba conocer a uno más.

– Hoy es su cumpleaños – siguió mi amigo tras las presentaciones

– Osea que: ¿me he colado en tu fiesta de cumpleaños?

– Pues eso parece

– Y sin regalo

– Y sin fusta

– Bufff… no me atrevería a tanto y menos aún sin conocerte

– Tampoco te habría servido de nada

– ¿Cómo?

– Pues que si la traes no podrías usarla…

– Era yo el que le iba a azotar a el – interrumpió mi amigo

– ¿y eso?… rollo homosexual Sado encubierto?… ¿lo sabe tu mujer? – se dirigió en un claro tono de guasa a mi amigo – mira que si mi mejor amiga se tiene que enterar por mi de cómo es su marido

– JAJAJA… – soy yo el que ahora se cuela en la conversación al ver la cara de mi amigo – no creo que mi querido amigo use mucho el látigo o la fusta, pero desde luego, ya son muchos años juntos como para saber que podría hacer muchas cosas, pero nunca con un hombre.

– No apuestes, la cantidad de curiosos en este mundo crece por momentos y te lo digo porque en la empresa gestionamos el programa que controla una app de citas y alucinarías.

La conversación no fue mucho más larga, entre que era su cumpleaños y mis amigos, apenas cruzamos más palabras, pero lo cierto es que esa mujer me había dejado un sabor en la mente que me gustaba. Cuando mis ojos la localizaban, mi mente se desconectaba de la conversación.

– Vete a verla!!

– Qué?!

– Que vayas… a las mujeres nos gusta que nos presten atención – me decía una buena amiga que me conoce desde siempre – ¿os presento?

– no, ya me la han presentado; es su cumpleaños

– jajaja, me encanta ver cómo os enteráis de todo cuando queréis

– Oye… que casi es lo primero que he sabido

– Y qué le vas a regalaaar?…

– Menos guasa, que nos conocemos

– Por eso precisamente lo digo, porque te conozco – dice mientras me abandona – me voy a por una copa para que no sientas que te retengo

No es que no quiera hablar con ella, pero lo cierto es que tenía razón, prefería quedarme sólo para volver a hablar con ella, asi que me acerqué directamente. No se hacerlo de otra forma, y siempre me ha funcionado ser sincero.

– Me encanta la gente que has reunido – entré rompiendo el hielo justo en una pausa de la conversación en la que estaba el grupito donde se encontraba ella.

– Gracias!!, la verdad es que hay gente genial. Sois todos muy majos

– ¿Somos?, suena a que no conoces a nadie

– Pues no creas que a muchos, he venido hace menos de 3 meses y apenas he salido, entre buscar casa, mudanza, trabajo nuevo, ha sido agotador y aún tengo la casa llena de cajas.

Me gusta la gente que habla sin timidez, expresiva, alegre y sabía jugar con su cuerpo, sus posturas, su forma de exhibirse ante mi, sus formas… pero sobretodo la forma en que cogía mis palabras y las hacía suyas, era como si entendiese mi idea y creara un libro de simples palabras.

Habían pasado más de 10 minutos sin dejar de hablar, sin silencios, sin preguntas, sólo hablando como si nos conociésemos de toda la vida cuando entra la mujer de mi amigo con un paquete.

– Cumpleaaaños feliiiiz… – todos los que estábamos cerca, seguimos la cantinela como si fuéramos niños y ella aguantaba ser el centro de atención con una sonrisa y una mueca hacia su amiga.

Sonriente, y mirando y agradeciendo a todos el regalo aún sabiendo que esto es cosa de su amiga, abre el paquete y saca un collar de cristales cuadrados, más bien una gargantilla, para un cuello fino, como el suyo.

– Puedes? – me sorprende cuando se gira y poniéndose el collar alrededor del cuello me ofrece abrocharlo.

El momento fue especial, no la había ni rozado hasta aquél instante y al rozar su cuello todo el vello de mi cuerpo se erizó. Esa mujer poseía una electricidad que para mi era como la de un rayo y para colmo, el collar hacía que pudiese mirar a su cuello y a su cuerpo como si mirase al regalo, cuando su visión era el regalo para mi.

La noche transcurrió sin más, apenas cruzábamos miradas nos sonreíamos, pero no sentía nada de lo que iba a pasar minutos después, porque la fiesta iba terminando y la gente se iba despidiendo poco a poco, apenas quedábamos 5 personas y decidí despedirme, el día siguiente para mi empezaba temprano porque me iba de excursión a la montaña y hay que salir con el sol.

– Pues sintiéndolo mucho, me retiro; mañana salgo temprano a la montaña y creo que ha llegado mi hora

– Nosotros también aprovechamos, te parece? – le dice la mujer de mi amigo a la chica que creo nos tiene a todos embrujados.

– Si, muy bien, pero no es necesario que me acerqueis, de verdad, vivo justo en la otra punta, cojo un taxi, de verdad.

– Pero si no es ninguna molestia, lo sabes – mi amigo es como yo, nos cuesta muy poco ser un poco serviciales y a estas horas, en 10 minutos atraviesas la ciudad – además, vives muy suyo.

– De mi?, ¿vives cerca mio? – contesto

– A dos manzanas – afirma mi amigo

– Pues yo te llevo, vamos, si quieres venir, que a lo mejor quieres quedarte más.

– No está bien, asi no me da cargo de conciencia

Nos despedimos de todos y vamos hacia el coche hablando con la misma confianza con la que llevamos haciéndolo toda la noche.

No se que tiene el coche para mi, quizá es ese lugar que tenemos todos los hombres en el subconsciente que nos hace mirar las piernas de una mujer, pero es que en especial, sus piernas eran preciosas, zapatos o mejor dicho, sandalias de tacón alto, pies cuidados y la naturalidad para entrar en el coche y descalzarse, me vuelve loco que hagan algo asi.

– Te importa?

– Al contrario, me encanta que tengas la confianza de descalzarte

– Es que no se quién inventó los tacones, pero habría que matarlo

– Yo lo habría hecho… estáis guapísimas, y más cuando tenéis piernas bonitas y en forma.

– Gracias… pero no se si compensa… jajjaa

– Depende lo que busques, pero si fuese impresionar, te aseguro que compensa… jajjaja, pocas cosas tan eróticas como una mujer que se acerca sólo con tacones y unas medias

– jajjaja… y si se acerca desnuda?

– Tampoco me quejaría, pero no puedes comparar.

– Eso no lo dicen todos los hombres

– Mira las fotos que nos gustan, las de las modelos de verdad, siempre hay complementos que rodean a su cuerpo, collares, medias, corbatas, perlas…

– Diamantes…

– JAJAJA.. lo que quieras, pero siempre hay que jugar y la ropa está para eso

– puede que algo de razón tengas

Simplemente hablando de todo esto, mi cuerpo se había excitado, el calor de la noche, parecía axfisiante en mi coche, pero no era la temperatura exterior, era la mía, era sentir que mi imaginación la estaba ya desnudando, mejor dícho la había ya desnudado. Mi sexo crecía por segundos y sentía su fuerza, buscando salir de detrás de los pantalones.

– Pues hemos llegado – dije mientras aparcaba sin problemas justo delante de su portal

– Me da un poco de apuro, pero ¿te importaría subir?, la verdad es que una buena amiga ha tenido hace menos de un año un problema en el portal de su casa y me da un poco de miedo aún esta ciudad, no quiero que…

– ¡¡ Por favor !!, ni una palabra más – aunque la razón no fuera la de no puedo vivir sin ti un segundo más, a un hombre le ofrecen acompañar a la puerta a una mujer que le está volviendo loco y jamás se plantea negarse

Al salir del coche siento cómo mi cuerpo no está precisamente relajado y en el coche no se nota, pero fuera, de pie… y no es que no me sienta orgulloso, pero claro, te acaban de pedir que le acompañes a una mujer que tiene miedo de que le pase algo y voy yo, un casi desconocido para ella y me presento con un bulto en mi pantalón que no me cabe.

Tampoco puedo hacer nada, asi que me muevo todo lo rápido que puedo para acercarme y salir del ángulo de visión. Portal, ascensor, planta 20, pasillo, puerta.

– Pasa!! – me dice mientras entra dejando la puerta abierta y sin darme tiempo a decir que no – tiro los zapatos y estoy contigo.

La puerta accedía directamente al salón de un apartamento no muy grande. Un ventanal muy grande era lo que claramente le había hecho decidirse por este sitio, bueno, eso y las vistas de la ciudad que tenía desde esta altura

– Qué vistas más bonitas!- le digo subiendo la voz para que me escuche desde donde esté.

El salón aún tiene dos cajas dela mudanza llena de libros y las estanterías están aún a medias, y me quedo mirando por la ventana hasta que veo su reflejo en el cristal me giro

Su cuerpo estaba desnudo, su piel blanca, su pelo algo alborotado, su pecho mostraba un pezón pequeño y duro de la excitación, como si aún tuviera 20 años y jamás nadie lo hubiese acariciado, su vientre plano, casi atlético y su sexo se ocultaba bajo un recortado bello que marcaba el contraste entre su depilado sexo y el perfecto monte de venus… bajando, las piernas que estaban desnudas en el coche, llevaban unas medias negras finas, transparentes con un bonito bordado a medio muslo donde acababan y unos zapatos negros de tacón alto, muy alto.

No pude decir nada… solo mirar.

– Asi es cómo te gusta?

– eh?… SI… claro… estás…. estás preciosa

Su sonrisa hizo que cambiase su cara, paso de preocupación a deseo y alegría

– No estaba segura de cómo ibas a reaccionar

– Nadie reaccionaría de otra forma… eres preciosa y divertida… y bufff…

– Y doy miedo

– No…. no es miedo lo que siento

– Qué sientes?

– Ganas de mirarte toda la noche

– Soy tuya toda la noche… dime lo que quieres… y lo haré

Me quedé mirando… y levanté mi mano ofreciendo que se acercase, algo que hizo.

El roce de su cuerpo desnudo contra mi camisa, su mano que se lanzó sobre mi sexo… sus ojos cerrándose… para sentirme

– Ummm… me gusta tu sexo… me gusta mucho – me susurra al oido

Su efecto provoca que doble mi fuerza sexual sin intentarlo y su mano subiendo y bajando recorriéndome detrás del pantalón.

Mis manos fueron a su espalda abrazándola entera mientras mis labios buscaban ese primer beso, ese primer roce. Bajaron a su culo mientras el beso se hacía más y más intenso; mientras nuestras lenguas se retorcían en la boca del otro y las respiraciones se cruzaban con el aire ya respirado del otro.

El beso acaba pero ella sigue bajando por el cuello, desabrochando la camisa y mirando.  Besando a cada botón el trozo de pecho que queda descubierto. Dejando que le mire el pecho, los ojos buscando mi mirada lasciva, mi aprobación a cada caricia y beso.

Se arrodilla al dejar la camisa desabrochada y desde abajo, mientras acerca sus labios a mi sexo desabrocha con las manos el cinturón y el pantalón…

– ummm – susurra al sentir mi calor y su forma… aún a través del pantalón – me gusta tu polla…

Se que hay momentos para hablar más guarro y cuando me dicen “me gusta tu polla”; se que me están dando permiso para hablar como yo quiera, como mi instinto más animal pueda.

– Cómetela – digo… – cometé mi polla niña!!

– ummmm…. SIIIIII… – dice sacándola de los boxer que ya están empapados en respuesta a toda una noche deseandola – está mojadita por mi?

– Si…. – contesto

– ummmm su sabor…. – su lengua acaba de rozar la punta de mi sexo – y qué grande….

No contesto… sólo me dejo tocar…

– ¿qué más quieres? – pregunta

Una de sus manos atrapa mis testículos y otra sube y baja lentamente aprentando mi sexo.

– ¿quieres follarme la boca?. Cuéntame. Cuéntame tus deseos… – insiste

Su voz, su forma de hablar.  Su forma de mirarme y besarme, arrodillada ante mi; casi casi sumisa. Entregada a mi placer pero haciéndome sentir que es su placer el hacerme sentir así de poderoso, hizo que fuera narrando cómo me tenía que besar; cómo me tenía que apretar la polla; cómo me tenía que meter en su boca y chuparme, cómo me tenía que meter hasta el fondo…

Su cuerpo se entregaba a cada beso con una contracción. Sus manos me soltaban para tocarse de vez en cuando, aunque eso no tardaría en cambiar…

– Ven… sube – le dije – y tras ponerla de pie y besarla la empujé contra el sofá haciendo que se sentase, casi tumbada

– Abre las piernas… – a cada instrucción ella obedecía con un pequeño suspiro o gemido…

– Mira cómo lamo este coñito… mira cómo te lo como todo…

–  ahhhhh, sigue… por favor…

Mi lengua jugaba con su sexo, con sus labios exteriores e interiores que se iban descubriendo. Su olor y sabor se mezclaba con mi saliva y cada vez estaba más empapada. Cada vez que de mi boca salía una sola palabra, su excitación subía más que con la mejor de mis caricias. Estaba rozando su mente.

Introduce mis dedos de uno en uno…

– ¿Has visto como meto mis dedos en tu coño?

– Siiiiiiii

– ¿quieres más?

– Siiiiiii

Su cuerpo se retorcía y mis dedos, en su interior giraban hacia fuera buscando esa zona rugosa de su sexo que tanto excita a una mujer

– Voy a follarte – acabé por decir, mi polla ardía y estaba tan tan grande que casi dolía

– Fóllame por favor… fóllame

Como pude accedí al preservativo que siempre llevo en mi cartera. Entré en su cuerpo con una facilidad que pocas veces pasa; estaba tan mojada y yo tan duro que sencillamente mi polla resbaló por las paredes de su sexo ocupando todo su espacio. Mis manos apretaban su cuerpo contra el mío… y mi mente sólo escuchaba sus gemidos a cada embestida….

– SIII

– SIGUE

– MAS

– MAS….

Me levanté al amanecer sobre su cama, ella seguía desnuda… sonriente, preciosa!!

– Buenos días! – le dije al ver cómo se movía intentando abrir los ojos….

– ummmm… me encanta levantarse asi… oliendo aún a sexo…. SUCIA….