Hoy os traemos el final del relato de una fantasía que muchas mujeres tienen, o al menos eso es lo que nos cuenta este relato que nos regala CONFESIONES DE UNA MUJER, un blog que cuenta con una precuela de este relato y que os dejamos aquí colgado por si os interesa conocer, bien el comienzo, bien a su autora a la que damos las gracias por este relato.

 

— Hola, tú debes ser la chica interesada en mi profesión — dijo sin mayor presentación.
Se presentó, dándome su nombre real y el de “farándula” como ella le gustaba decirle. La primera impresión que me dejó es de ser una mujer con clase, educada, con excelente tema de conversación y además hermosa.
Uno se imaginaría que todas las mujeres que se dedican a la práctica sexual como oficio son en general desarregladas, drogadictas, de mal gusto y algo “tontas” por no saber hacer otra cosa mejor que abrir las piernas. Me atreví a hacerle estas observaciones en voz alta por lo que me respondió entre risas:
— Puedo decir que antes de dedicarme a esto esa era mi idea también, es más, si esto me lo hubieras comentado recién inicié en este oficio, hasta puedo afirmar que me hubiera ofendido sobremanera
Seguimos discutiendo banalidades en cuanto al oficio y al acto se refiere, hasta que finalmente le hice la pregunta que cambiaría mi vida por completo:
— ¿Qué necesito para ser escort?
Me dirigió una mirada cazadora, como si yo fuera su presa y me encontrara herida y dispuesta a punto de ser devorada. Por un segundo sentí un escalofrío recorrer mi cuerpo, no estaba totalmente segura de mi pregunta o más bien no estaba totalmente segura si era el alcohol el que me ayudó a realizarla. Ella notó inmediatamente mi incomodidad y como si pudiera leer mi mente me respondió:
— He llegado a pensar que todas las mujeres en algún momento de la vida soñamos con la idea de tener sexo por dinero. La diferencia es que lo que para la mayoría es sólo fantasía, hemos algunas que lo llevamos a la práctica, ganándonos, desde luego, la envidia y el rencor de aquellas que nunca se atrevieron
Aquella respuesta entró en mi mente como la paz interior que debe sentir un desahuciado al escuchar la absolución de sus pecados. Después de todo, pensé, ya había conseguido muchas cosas a lo largo de mi vida poniendo mi cuerpo como intermediario, siempre con magníficos resultados, pero sin duda inferiores a los que podría obtener poniendo un importe.
Pasamos la noche evaluando mis curvas y entre bromas hicimos la tasación de los servicios según mis experiencias y atributos.  Acordamos realizar una sesión de fotografías y en un par de días fueron colocadas en cierta página web que era de su preferencia y sin más, obtendría mi primer empleo como escort a los 5 días de publicar mi anuncio.
Durante clases me llegó un mensaje de texto con un simple “Hola, vi tu anuncio y estoy interesado”. Mi corazón latía a mil pulsaciones por segundo, empecé a transpirar tanto que tuve que salir del salón disculpándome por sentirme mal. Y en verdad me sentía mal, las reuniones previas y las fotografías fueron como un juego y esto era real, era un mensaje enviado por una persona real, que solicitó mis servicios. Contesté el mensaje de la manera más sutil que pude contestar:
“Si claro, a tus órdenes”.
Intercambiamos tarifas, horarios y lugar del encuentro. Por recomendación de mi “madrina” decidí que fuera en un hotel en la colonia Roma, donde ella aseguraba que eran bastante permisivos y, además, siempre estaban al pendiente de las chicas por si ocurría algo agresivo.
Salí corriendo a la casa donde vivía y me arreglé para la ocasión: lencería sexy, atuendo sensual, un vestido corto abotonado sin ser llamativo ni vulgar, tacones altos y maquillaje ligeramente recargado. Estaba arreglada para lo que sería el evento más significativo de mi vida. En mi cabeza rondaban cualquier tipo de ideas tontas, desde que el tipo con el que me encontraría fuera un asesino serial y me mataría al momento de cerrar la puerta de la habitación, o que fuera mi padre, o que fuera un hombre viejo y calvo sin dientes y con poca higiene corporal. Me sentía como una actriz antes de salir a dar una función en el teatro a reventar. Mi estómago se sentía vacío y mis piernas temblaban de solo imaginar lo que estaba a punto de realizar.
Llegué al hotel y mis manos sudaban a chorros al grado tal que el volante de mi chevy estaba empapado. Estacioné el auto y pregunté por la persona con la que me encontraría. La recepcionista me dio la tarjeta de la habitación y me indicó que la persona con la que me encontraría no había llegado aún. Sentí cierto alivio al escuchar eso y a la vez cierta decepción. Mis anteriores sentimientos se vieron convertidos en un torbellino de calor al momento de escuchar una voz detrás de mí:
— Lo siento, el trafico estaba muy pesado, pero ya estoy aquí
Él era un hombre mayor pero atractivo, rondaba los 50 años y a juzgar por su apariencia, tendía un puesto lo suficientemente lucrativo para darse un lujo de $1,500 pesos la hora. Sonreí de la manera más torpe que pude lograr y al llamarlo por su nombre, nos dirigimos a la habitación.
Caminando por el pasillo antes de subir al elevador, hablamos de banalidades típicas de un primer encuentro con una persona: ” ¿Qué trafico hay ahora en esta calle no crees?” “Es mejor llegar por la calle de atrás y dar vuelta en el retorno” “Claro, no recordaba ese atajo”
Las banalidades cesaron al momento de que las puertas del elevador se cerraran frente a nosotros. Me tomó de los hombros y con un agarre firme me pegó a su cuerpo maduro y perfumado. Mi primera reacción fue poner resistencia, ya que era mi primer encuentro y no sabía realmente qué era lo que estaba pasando. Siempre se corren riesgos en la vida, pero llegar a un hotel a buscar un hombre solo, al que nunca antes has visto, sin más protección que tu buena suerte y muchos condones, no es la mejor idea de seguridad para una muchacha por más experiencia que esta tenga.
Notó enseguida mi nerviosismo y como si pudiera oler mi miedo me preguntó:
— ¿Es tu primera vez en este medio verdad?
— Si — contesté apenada y con una sincera expresión de disculpa.
— No te preocupes, lo llevaremos a tu ritmo ¿te parece?
Su propuesta sonó sincera, hasta podría decirse que sonó como un padre protector que está enseñando a su hija a andar en bicicleta. Mi nerviosismo disminuyó al momento de entrar a la habitación del hotel. Provista de un arreglo propio de un encuentro romántico, le daba el toque perfecto para mi primera vez, mi segunda primera vez.
Se sentó en la orilla de la cama y como un niño pequeño comenzó a mirarme con curiosidad.
— ¿Cómo te sientes?
— Bien, muy bien
— Bueno, pues en cuanto estés decidida comenzamos
La imagen de verme deseada por un hombre que estaba dispuesto a pagar una suma considerable para estar conmigo, me llenó por completo de confianza y deseo. Comencé lentamente a desabotonar mi vestido mientras su mirada cambió de curiosidad a deseo. Mis piernas comenzaron a temblar, no por el nerviosismo, sino por una creciente excitación que a esas alturas ya sentía cómo mi vagina se llenaba de mis propios jugos.
Comencé a bailar seductoramente  mientras veía el brillo en sus ojos, los cuales recorría todas mis curvas y se deleitaba con cada movimiento que efectuaba. Lentamente me acerqué a él sin perder el ritmo y dirigí sus manos hacia mi cintura. Bailaba en sus piernas mientras contoneaba mis glúteos y sentí entre mis muslos su creciente erección. Su miembro era considerablemente grande y a pesar de solo haberlo sentido por el pantalón, la imaginación hacía que cada vez sintiera palpitar mi vagina a la expectativa de su virilidad.
No pudiendo contener mi curiosidad, desabotoné su pantalón y comencé a lamer aquel miembro mientras me ponía de rodillas. Sentir sus venas cada vez más calientes entre mi boca me llenaron de un placer indescriptible, llenarme con aquel miembro hasta la garganta mientras escuchaba los sonidos de satisfacción que le estaba provocando, probar de ese jugo casi hicieron que llegara al orgasmo sin tener que ser penetrada.
Me tomó de los hombros y de un movimiento me tumbó sobre la cama. Sus manos inquietas tocaron cada centímetro de mi cuerpo y enseguida de ellas sus labios llenaron cada rincón de mi piel. Me colocó sobre mi espalda y separando mis piernas llevó su cara a mi parte y comenzó a lamer desesperadamente. Tardé poco en vaciar mis fluidos dentro de su boca, jamás había sentido tanta satisfacción por un cunnilingus. Deseosa de más lo tomé por la cara y lo llevé a mis labios, nos besamos apasionadamente mientras su miembro rozaba la entrada de mi vagina, la sensación que me produjo su glande sobre mis labios interiores hizo que tuviera un orgasmo de nuevo. Mientras me contraía colocó suavemente su miembro y lo introdujo de un movimiento dentro de mí. El roce de su pene en mis paredes me hizo estremecer de nuevo, sus movimientos calculados y experimentados lograron perderme en el tiempo y olvidar que se trataba de un trabajo.
Duramos aproximadamente dos horas en disfrutarnos, nos dimos placer en todas las posiciones posibles, chupamos, mordimos, frotamos  y finalmente terminamos con nuestras partes palpitando al unísono sin más jugos que ofrecer. Jadeando uno al lado del otro comencé a regresar poco a poco a la realidad. Mis pensamientos de miedo desaparecieron al verme desnuda a lado de un desconocido y plenamente satisfecha con lo que acababa de pasar. Ciertamente jamás había tenido tanta paz interior resultado de una decisión.
Al volverme a vestir y recibir mi paga, en mi mente solo tenía un pensamiento: Este tiempo y espacio donde compartí mi más profunda intimidad con un hombre, más que una muñeca de carne y hueso con tacones, falda corta y lencería elegante, más que una mujerzuela, más que la puta que promete la fantasía, detrás de todo eso fui una verdadera mujer, en toda la extensión de la palabra.
Ahí, tendida sobre una cama, cubierta de líquidos y de la manera más vulnerable que un ser humano puede encontrase… Encontré mi verdadera vocación.