— ¿Me dejas tus apuntes?
Es una frase que parece inocente, pero para mi fue el despertar del calor de mi cuerpo, como si hubiera estado 22 años esperando esa frase. Sentí orgullo por ser aplicada, por tener buena letra, porque se hubiera extendido la fama de que quién estudiaba con mis apuntes aprobaba.
— pe… pe… ¿perdona? — creo que mi intento de contestar rápido sin procesar aún todo lo que sentía, no había sido de lo más acertado
Estaba claro que no era una mujer con experiencia, y un rato después se me ocurrirían todas esas cosas que las “IT GIRL” dicen. Por mi corazón la imagen de lo que quería ser: Melena suelta, gafas de pasta redondas, sonrisa de oreja a oreja, un top suelto como si la ola de frío polar que azota la ciudad no fuera conmigo y una carpeta con fotos de barcos de vela y esquiadores; pero por mi consciente, una chica normal, amiga de sus amigas y que sólo lleva unos vaqueros y un jersey abrigoso porque hace frío.
—  ¿Que si me dejas tus apuntes?  — sus preciosos ojos color cocacola me taladraban mientras hablaba — me dijo Sofía que eran geniales, que todas estudiasteis el examen del lunes con tus apuntes y que de un 7 no baja nadie.
Mientras yo sonreía como una tonta, Sofía entró al trapo
— ¡¡Pero bueno!!, ¿qué te crees?, ¿que todo son apuntes?. Hemos trabajado muy duro y estudiado muchas horas, pero separado y sobretodo juntas, que hemos pasado muchas noches hasta las tantas currando.
Al oirlo, mi mente se transportó a la velocidad de la luz a mi cuarto. Esos ojos me miraban como ahora, y sus dedos apartaban el mechón de pelo de mis mejillas sonrojadas y lo colocaban detrás de las orejas y al retirarse rozaban mi cara y levantaban mi barbilla para que mi mirada se cruzara con la suya justo antes de ver cómo se cerraban sus ojos ante la proximidad de mis labios a los suyos. Los labios míos eran aplastados por la fuerza de los suyos y su lengua, suave y lenta me abría ligeramente la boca para jugar conmigo. La carpeta caía sobre la cama y mis manos tocaban su brazo, tenso y duro como su cultivado cuerpo.
El beso se hacía más y más intenso y mi boca se abrían torpemente para recibir a su ágil beso, una de sus mano rodando mi cabeza y la otra provocando un escalofrío que me eriza el cuerpo completo al tocar mi cintura.
Un simple gemido sale de mi cuerpo y le anima a buscar el borde de mi sueter, a que roce mi cintura, pero piel con piel mientras mi cuerpo se lanza a por el, a su cercanía, a rozar todo mi cuerpo con el suyo sin dejar de besarle, evitando mirarle y sintiendo mi cuerpo arder.
Sentí cómo sus manos subían por mi cuerpo y cómo llegaban a mi pecho, sentí la dureza de mi pezón en sus manos y en cómo sonreía al alcanzarlo y ver su estado. Sentí cómo crecía mi deseo y cómo se empapaba mi cuerpo con la escena, sentí mi manos más valientes quitarle la camiseta y vi su cuerpo, semidesnudo, en vaqueros.
Mi deseo de rozar mi pecho con su cuerpo era ya irrefrenable y mientras me subía en su sentada figura y sus manos apretaban mi apretado culo yo liberaba mi pecho y lo acercaba a su boca, desvirgando su sabor y sintiendo cómo me succionaban entera el alma, cómo me robaban el deseo y lo convertían en placer y lujuria.
Con mi busto empapado en su boca y mi sexo empapado de deseo, no tardaría en bajarle los pantalones. Sonriendo y apretando mis labios desabrochaba los botones de su vaquero y bajaba la tela sin darme cuenta de lo apretado que estaba todo por culpa de su excitación, algo que quedó patente cuando rocé con mis manos su boxer. Estaba también mojado con su líquido preseminal, duro como una piedra al contacto con mis manos y reaccionaba a mis caricias intentando liberarse de la última tela.
Me agaché y puse su calor en mis labios, sentí su latido en mi boca, medí su grosor con mis dientes, como si fuera a morderle. Pensé en apretar, en acariciar, en meterlo en mi boca entero, pero metí las manos por la pernera para tocarle antes. El gimió y yo le rodee con mi mano, sentía toda su fuerza en mi, controlando su excitación mientras subía y bajaba lentamente, mientras sentía su forma y su dureza, todo muy lentamente. Le miré a los ojos y el me miraba fijamente a los míos, pidiendo más y sin creer lo que estaba pasando.
Terminé por bajar su ropa interior y su sexo golpeó mi mejilla como si buscase sin acierdo entrar en mi boca. Lo miré por primera vez, su carne rosada, su forma, su fuerza, esa gota de placer que salía de su cuerpo. Tenía que saborearlo, tenía que sentirlo. Levanté la mirada mientras sacaba mi lengua y le hacía mirar lo que iba a hacer: lamerle entero su capullo, lentamente, mezclar su sabor con mi saliva y sentir la suavidad de esa carne en mis labios, meterlo dentro de mi por primera vez, en mi boca y empezar a masturbarlo para que se corra dentro de mi. “Correté en mi boca”, correté en mi boca” escucharía una y otra vez mientras acelero el movimiento….
— EVA! — sonaba en mi cabeza — EVA, EVA, EVA…. ¡¡¡EVA!!!
— eh? — desperté de nuevo en el hall de la facultad
— ¿pero tu eres tonta?, te lo pongo en bandeja para que estudies con el y  ¿ le sueltas tus apuntes sin decir ni una palabra?, te juro que no te endiendo
— ¿le he dado mis apuntes?
— ¿como?
— ¡¡Perdona!!… ¿no he dicho nada?
— Nada de nada!!
— Ufff…
— Ya estás saliendo tras el y quedando para estudiar juntos!!
— No me agobies, necesito beber algo, estoy sofocada…