— ¿Traje nuevo?
— A estrenar… ¿guapo?
— ¿tu o el traje?
La conversación era mejor dejarla ahí, sabe perfectamente que me desnudaría allí mismo, y que jamás lo haré, pero tener un amigo sexualmente atractivo, que te vuelve loca y saber además que te corresponde en los mismo deseos, provoca que el día sea emocionante.
La conversación con el, en cuanto nos descuidamos, adquiere un tinte sexual que lo ilumina todo y digo que lo ilumina porque me hace sentirme fuerte, poderosa, atractiva y cuando tengo una reunión importante, la verdad es que suelo pasar por su despacho para entrar sonriente y con el paso firme, subida en esos tacones que son aún más altos que los que me gusta llevar.
El hace lo propio, aunque con otro objetivo. Su perfil es más loco, se acostaría conmigo sin dudarlo y si no lo intenta es porque sabe que yo no lo haría y que al intentarlo, perderíamos lo que tenemos ahora y que tanto me gusta, pero siempre me lleva al límite…. y adoro que así sea.
Salí de allí pensando en su torso desnudo, su corbata colgando de mi cuello, mi mano bajo sus pantalones… y como si mi pensamiento hubiese sido a gritos:
— Vente a comer a casa, tengo que contarte algo… importante.
Me di la vuelta apartando mi primer pensamiento. Las palabras importante y traje nuevo se cruzaron en mi mente, también hoy había llegado tarde, se que su perfil es muy goloso para muchas otras compañías de la competencia y que siempre está hablando con unos y con otros, pero… ¿importante?.
Con mirada preocupada le miré y no pude evitar DUDE….
Un gesto de O.K. precedió a una mañana llena de recuerdos, de flirteos y de experiencias que había soñado o cumplido, sentía que se iba, ¿qué otra cosa podría ser importante? y con estos pensamientos entró su mensaje: “no te he esperado, perdona, pero prefiero esperarte directamente en casa”. Fue más preocupante aún y aunque faltaban unos minutos para la hora habitual de comer, cogí el chaquetón y el bolso y aceleré el paso todo lo que mis tacones me permitieron.
Al llegar a su casa, el corazón bombeaba acelerado. Ni siquiera le di un beso al entrar, ni siquiera una sonrisa:
— ¿Qué pasa?, llevo toda la mañana pensando en que me vas a dejar sola, que te vas a otra empresa y la verdad…
— Así es — no me dejó terminar
Me desplomé en su sillón como si hubiera muerto algo dentro de mi y sin saber porqué me sentí desgraciada, no puede alegrarme por su carrera como habría hecho una buena amiga… fue TRISTE, muy triste.
Se sentó a mi lado y cogió mi mano viendo mi reacción, pero no esperaba que una lágrima cayera sobre la suya. No me podía creer que estuviera llorando por algo así. Sentí ese dolor que se siente cuando te das cuenta de que has perdido algo y que no lo has valorado lo suficiente cuando lo tenías…
— Ehhh!!… que no me he muerto! — intentaba consolarme
Subí mis manos a su cara y le acaricié como si no fuera a volver a verle a ver nunca más, le miré a los  ojos, tan tiernos, tan abiertos observando mi reacción. Mis lagrimas no me dejaban ver y no dudé en besar su mejilla, el olor a aftershave fresco que tenía, su inmovilidad… no se qué fue pero le besé, un beso corto en los labios, un beso que pegaba mis labios a los suyos y que hacía que desease más… más besos, todos esos besos que nunca le había dado por respeto a mis creencias querían salir.
El cogío mis manos y apartandose me dijo:
— ¿qué haces? Tu nunca has querido esto, tienes tu vida, tu familia y siempre has querido ser fiel a ellos, te arrepentirás, te conozco
— Necesito sentir lo que siempre me haces  sentir: que soy guapa, que me deseas, que te gusto
— Eres preciosa, lo sabes
— Mírame como sólo tu me miras
— Te desnudaría con la mirada cada día de mi vida….
— Pero ya no lo harás más. Hazlo hoy… hazlo de verdad, no me toques, pero desnúdame…
Su mirada fue tal que me sentí de verdad expuesta a el, su mirada se clavaba en mis ojos, en mi cuello, en cada lunar y en cada pliegue de la ropa, en mis curvas, en mis piernas y en mis tacones de tal forma que no pude evitar quitarme el chaquetón dejando al aire entrar a socorrer el calor que salía de mi cuerpo.
El, respiró profundamente al verme quitar aquel incómodo abrigo, pero no evitó expresar lo que sentía y por ello empecé a a jugar con la camiseta… lentamente a subirla y bajarla, atenta a su expresión.
Sus ojos se movían de los míos a mi cintura, a mi piel desnuda y cuanto más miraba más dejaba ver yo… y a cada movimiento sus manos mostraban más nerviosismo, su mirada más deseo y su respiración más autocontrol.
Me puse de pie ante el y me quité la camiseta. Un sujetador marcaba mi pecho y mis manos le indicaban donde mirar: hombros, labios, pecho… quería que lo viese TODO… y yo disfrutar de esos gestos de deseo:  sus labios mordiéndose, sus manos inquietas, su calor…
Se acomodó en el sillón como un gesto más de nerviosismo en cuanto desabroché el botón del pantalón, se secaba las manos en el vaquero y su sexo luchaba claramente por salir, la situación era de lo más perversa, quería follarme y no lo haría jamas, era algo que me daba el mayor poder de seducción que una mujer puede sentir. Le pervertía la mente a la vez que la mía se consumía en el incendio de mi cuerpo. Su mirada me recorría, el sujetador, el pecho, el ombligo que sabía que le volvería loco tan cerca suyo, mi cintura desnuda, mis brazos y mis manos recorriendo mi cuerpo… excitándome y excitándole. Tras unos segundos de contoneo, bajé mi pantalón girando sobre mis tacones para que me viera el culo y el tanga. Quizá no era la ropa interior más bonita, pero las cosas llegan cuando llegan y su expresión me hacía sentir la mujer más sexy del mundo, como siempre había hecho, aunque yo estaba cambiando.
Me arrodille en ropa interior delante de el y fui a quitarle su camiseta
— ¿qué haces? —  me dijo en tono cariñoso
— ¿aguantarás sin tocarme?
— Claro
— Pues deja que te desnude
Su cara se ilumino y con ella mi sonrisa. Mis dedos rozaban su piel, que se erizaba según se iba quedando al descubierto y mi deseo por el crecía. Tan bueno, tan respetuoso y con ese cuerpo cuidado, sin estridencias, pero cuidado. Su olor a ducha fresca y su mirada clavada en mi…
Me retiré sólo unos segundos para disfrutar de lo que tenía y de lo que iba a hacer… y bajé a por sus vaqueros. Mi sorpresa fue tremenda cuando descubrí que no llevaba ropa interior bajo ellos y sentí como se empapaban mis braguitas, su sexo se descubría como una catapulta, grande y fuerte, con las venas marcadas, fuerte y poderosa, jugosa, pero no podía tocarle, sólo mirar y de alguna forma desear que rompiese todas las reglas, quizá porque sabía que no lo haría.
Colocó su mano alrededor de su sexo y empezó a subir y bajar por el tronco haciéndome sentir un calor insufrible… quería meterlo en mi boca y probar su sabor.
Respondí volviendo a ponerme de pie y desnudando la poca ropa que me cubría, primero mi sostén, dejando ver mis duros pezones fruto de la escena, y seguido mi casi depilado sexo empapado y brillante, deseoso de mis manos y del placer del momento.
Eché la cabeza hacia atrás y comencé a tocarme ante el, no podía mirarle a los ojos, pero si hacer que el me mirase. Escuchaba su respiración, profunda, intensa mientras mis dedos entraban dentro de mi cuerpo, mientras mis piernas temblaban de placer…
— Eres preciosa — acertó a decir
— ¿Deseas verme asi?
Mi intención era el chantaje… si se quedaba conmigo me podría ver siempre que quisiese
— Deseo FOLLARTE
Su contestación, directa, salvaje, impulsiva y explosiva no estaba en mis planes y casi me corrí del placer de escucharla. No pude evitarlo. Salté sobre el sin importarme las normas, salté sobre el y clavé su polla en mi cuerpo, empalando mi deseo y robando su integridad y su respeto.
Al sentir aquello, lanzó sus manos sobre mi culo y su boca sobre mi pecho, sobre mis pezones y se dedicó a amarme, a besarme, a seducirme como nunca nadie lo había hecho mientras hacía el amor, tan pendiente de mi, tan atento y tan salvaje.
— FOLLAME — decía sin parar — FOLLAME, no pares
Mientras el entraba una y otra vez en mi cuerpo haciendome suya por completo. Eyaculé, nunca había sentido algo así… pero lo senti y….
Sin saber cómo, sentí una gota de placer por mi pierna… deslizándose lentamente… haciéndome volver a la realidad de una extraña forma, de repente de nuevo en ese pasillo y su cuerpo vestido… en aquel despacho del fondo:
— ¿Me estas escuchando?  Que vengas a comer a casa, que quiero comentarte algo…
Giré sobre mis pies, entré en su despacho cerrando la puerta del despacho y me lancé sobre el, sus manos apenas me rozaban pero las mías atrapaban su cabeza mientras le besaba una y otra vez
— Si…. te escucho… y iré a tu casa…. pero no a comer…. — le iba diciendo entre besos — estoy harta de las normas que tenemos…. estoy harta de desearte y no hacer nada, estoy harta de no sentirme VIVA y desde hoy… vas a sentirte el ser más deseado del mundo, porque pienso follar contigo TODOS los días que me dejes entrar en este despacho…. ¿y qué es eso tan importante que me tienes que decir?
— Nada… ya nada….
Sonreí…