— Ya están casi llegando y parece que se llevan bastante bien — afirmó colgando el teléfono
— Lo dices como si te sorprendiese
— Pues si te soy sincera, un poco si
— ¿En serio? , ¿me lo dices ahora?, ¿hemos dejado que se conozcan en un trayecto de 2 horas sin que estemos nosotras para mediar y resulta que tenías dudas?
— Confiaba más en que Javi se comportase que en Marta, es bastante borde con los hombres — decía mientras reía
— Estamos locas. Teníamos que haber esperado y haber venido los 4 juntos.
— Quizá, pero a Marta le viene bien socializar un poco. Y si no lo hago contigo, no lo hago con nadie
— Bueno, vosotras tenéis vuestros grupos.
— No te creas que muchos, la mayoría muy politizados — levantó la cuchara de madera como si de una espada al cielo se tratase y añadió — la lucha de la plataforma lesbiana es inagotable!!
— Pues yo creo que Javi es la primera vez que se cruza con una pareja del mismo sexo. Sus amigos son de los más tradicional y ajeno a todo vuestro mundo

— ¿y qué hace una niña tan abierta y comprensible como tu con un conservador?
— A veces también lo pienso yo — asiento mientras me río — pero luego veo su cuerpo, todo atlético, con esos oblicuos marcaditos y esa tableta en las abdominales… Buffff
— JAJAJA… seguro que es por eso
— Qué va, es un cielo, ya lo sabes, me trata como a una reina.
— Pero no eras tu la que decía que había que espabilarlo un poco, que había que enseñarle un par de truquitos de seducción?
— Eso también, y no se muy bien cómo, pero cuando me cuentas tu vida sexual… me muero de envidia
— ¿Mi vida sexual?, ¿que te cuento yo de mi vida sexual?
— No se, pequeñas cosas
— Venga confiesa, quiero saber qué pasa por tu mente
— Pues mira, una de las cosas que me encanta es que os pongáis a ver fotos en internet en la televisión y os calentéis y acabéis… pues eso, desnudas delante de la tele y follando como locas en el suelo
— JAJAJA, eso lo hicimos una vez!!
— pues eso, ya es una más de las que lo he hecho yo. Mi vida sexual se limita al dormitorio y si un día voy y le sorprendo desnuda, en ligueros, acabamos en el dormitorio.
— y tu quieres acabar empotrada contra la pared
— Si… y en la mesa del comedor y en la cocina… Yo quiero hacerlo hasta sentada en el water, jajajaja
— JAJAJAJA, me encanta ver a una mujer así, desbocada y con el pelo suelto.
Se hizo un silencio; supongo que yo me imaginaba a Javier empotrándome en aquella isla de la cocina casa rural que habíamos alquilado para pasar el fin de semana; y seguramente ella estaría recordando mil historias; pero lo cierto es que lo siguiente hizo que mi pensamiento cambiase.
— Tengo una idea
— Dime — contesté pensando que me iba a decir qué podríamos ver mañana
— Marta tiene un problema para relacionarse con gente desconocida, tu chico necesita una lección y tu y yo una vida sexual emocionante
— Si?
— Pues eso. Dime qué hombre se resiste a ver cómo una pareja de mujeres se besan y se desnudan
— no se di te sigo, pero no se si te empiezas a pasar, yo no…
— No, tonta. Tu con lo tuyo y yo con la mía, pero porqué no nos liamos aquí, delante de la chimenea. Estoy segura de que a Marta no le importa ver tu cuerpo desnudo mientras te toca alguien, aunque sea un hombre y te aseguro que a mi tampoco me va a importar verte.
— Aquí todo el mundo se va a poner las botas menos yo!!
— JAJAJAJA, es cierto, pero apuesto a que te has puesto cachonda
— ummmm… — No contesté, aunque tendría que haber dicho que había batido el record mundial — No se yo cómo lo vamos a conseguir
— eso es un SI!!, jajajaja, lo sabía, jajajaja.
No tardaron en llegar y las dos recibimos a nuestras parejas con un buen beso, todo pactado. Yo miraba de reojo a Marta, para ver si acompañaba el beso, mientras sentía que Javier sin sentirse cómodo utilizaba su fuerza para detener mi ímpetu
— Empieza fatal — susurro
— Tranquila, tu confía en mi
Su plan era brutal, y lo seguimos al pie de la letra. Primero asegurar un ambiente cómodo entre los cuatro, algo que fue muy muy fácil; la chimenea, la cena y que los cuatro somos alegres de espíritu ayudo. Luego un gesto, una disculpa y salimos las dos volviendo las dos con el picardías; ambas los habíamos traído quizá en busca de una aventura, pero no cómo esta.
No se cuál era la cara más llamativa, si la de Javier o la de Marta; nos miraban alucinados los dos al vernos venir casi casi desnudas.
Javier me miraba de abajo a arriba, le conozco y se perfectamente lo que sentía: por un lado vergüenza, por otro incomprensión; y por último veía mi cuerpo completamente expuesto a través de las transparencias de la poca ropa que llevaba. Los pezones marcadísimos y si alguien me hubiera puesto la mano en mi sexo en ese momento, bufff… No quiero ni pensar lo que me hubiera pasado, pero seguro que mis piernas no hubieran soportado mi cuerpo. Luego tímidamente miraba a mi amiga, su cuerpo, moreno, estilizado, un vientre plano, cultivado, de gimnasio, un pecho redondo y un pezón pequeño, casi un botón al lado de los míos. Su ropa interior mínima, completamente negra y llena de cordajes, supongo que más acorde a las costumbres más salvajes de su mente. Ella me miraba a mi y me sonreía, como diciéndome “no me has defraudado”.
Marta se había encogido como un ovillo sobre el sofá y  ni se atrevía a mirar a Javier y a mí tímidamente para apartar la mirada y preguntarnos sin decir una sóla palabra “¿qué demonios estáis haciendo?”
El aire se podía cortar y nuestra misión era la de relajarlo así que cada una se fue con su pareja y al oido le dije a Javier:
— Puedes mirar donde quieras, pero no te puedes esconder. Es lo más emocionante que me ha pasado en la vida y no quiero perderlo. Haz un esfuerzo. Estoy segura que vas a disfrutar.
Acto seguido me senté sobre sus piernas y empecé a besarle, le quité la camisa mientras el me miraba sin decirme nada y con una cara entre terror y excitación. Baje mi mano a su sexo para asegurar mi posición de poder, y al sentir su erección sonreí.
— No tengas miedo de mirarlas, yo se qué me apetece hacer — le dije mientras bajaba a quitarle los pantalones
Miré a la otra pareja. Marta estaba más asustada y mantenía la mirada en mi culo; seguramente por indicación de su amante. Siempre me dice que mi culo volvería loca a su pareja el día que me viese en bañador; pero creo que un tanga como el que llevo es mejor. Es una de las partes de mi cuerpo que me hace sentir mejor y pensé en exhibirme un poco. La sensación de estar siendo mirada por otra mujer, lejos de asustarme, hizo que me apeteciese lucirme.
Sin saber cómo, bajé el tanga al suelo levantando mi cuerpo para que mi sexo quedase expuesto a sus ojos. Mi amiga se giró también para verme mientras aprovechaba para soltar definitivamente el pantalón de Marta. Javier aprovechaba para mirar los cuerpos de las 3 mujeres que poco a poco ibamos quedándonos desnudas, su sexo parecía explotar. Me gustaría saber si pensaba que podría tenernos a las 3, o se conformó desde el principio con disfrutar de la vista y tenerme a mi; pero la verdad es que me alegró que entendiese la elección sexual de cada una y disfrutase de mi instinto exhibicionista.
Cuando vi que el ambiente estaba al rojo vivo, giré mi cuerpo y deje de besar el sexo de Javier para sentarme sobre el, de espaldas a el y de frente a mis dos amigas, que me miraban mientras se tocaban la una a la otra como jamás había visto yo, pellizcaban el cuerpo de su amante con fuerza y delicadeza a la vez, estaba claro que sabían lo que nos gusta a las mujeres y lo utilizaban la una con la otra. Javier no aguantaba el ritmo y rompió el primero dentro de mi. El calor de su cuerpo derramado en mi interior lo sentí como un latigazo de placer al sentir que no había aguantado nada haciendo algo que a mi me estaba proporcionando más placer del soñado. Me senté a su lado y cogiendo una de sus manos, le dije:
— aprende
Le acababa de dar la justificación para mirar a dos mujeres que desnudas se besaban y tocaban de la forma más sensual que jamás ni el ni yo habíamos visto. Se inmovilizaban con gestos, sus manos eran blancas y morenas, cruzadas, delicadas. Dedos finos entrando y saliendo de sus excitados cuerpos mientras se recorrían como si no pudiesen perder ni un ápice de la piel de su amante.
Marta, con un increible cambio de actitud, me entendía incluso mejor que mi amiga y confidente y al verme expuesta ante ellas; exhibiendo mi sexo para que Javier tomase nota, empezó a ralentizar los movimientos e indicando a Javier cómo y donde tocar… DIOS… era como ver un espejo antes del reflejo.
Cuando marta pellizcaba el sexo de su amante, Javier lo hacía segundos después conmigo, sólo cambiaba el gemido. Yo miraba a los ojos a mi compañera y ella a mi, esperando cada una la reacción de la otra. Cuanto más intenso era mi gemido más intenso era el siguiente paso. Yo apretaba entre mis manos el sexo de Javier que volvía a estar como cuando teníamos 25 años y Marta tenía clavados los dedos de su amante, pero eran ellos los que nos controlaban, nos que nos follaban o pellizcaban a placer el clítoris.
No recuerdo quién se corrió más veces, pero lo que aún siento es indescriptible. Solo hay un problema… necesito más.