— ¿tiene que ser todo tan complicado?
— No es tan complicado. Te acercas, le dices que si quiere tomar algo contigo esta noche y te vas con la respuesta.
— No puedo hacer eso
— Es la forma más rápida
— ¿funciona?
— No
— ¿Eres idiota? — mis ojos se abrieron como platos y golpee su brazo con el puño cerrado con todas mis fuerzas, pero no se hacer eso — ¿no deberías darme consejos en vez de destruir mis ilusiones?. No te cuento que me gustan las chicas para que me dejes en paz, te lo cuento para que me des consejos. Tu tienes ese no se que con las chicas.
— Maite, tu eres mujer y sabes cómo atacarte a ti misma ¿no?, yo eso no puedo mejorarlo
— Yo no aceptaría que alguien sin conocerme me invitase a nada
— Pues eso tampoco es cierto, estás pensando en que llegue alguien y te diga “¿follamos?”, eso sólo conquista al que está con un calentón de mil demonios, o si eres un bombon retocado en photoshop
— A lo mejor es lo que tengo que hacer. Retocarme.
— No estoy diciendo eso. Te estoy diciendo lo contrario. Las fotos son irreales, la gente de carne y hueso tenemos todos nuestros puntos flacos, pero también podemos hablar, cosa que una foto no hace
— y ¿qué digo?
— Pues dirás que soy un idiota, ¿pero sabes lo que funciona siempre?
— no
— Un simple “hola, me llamo Maite. ¿te importa…?”; creerá que le vas a vender algo y te mirará de arriba a abajo en un segundo.
— ¿y si no es lesbiana?
— No creo que las lesbianas tengáis un tatuaje en la frente que lo diga, y menos en una cafetería al medio día, pero si te dijeron que lo era, será que el que te lo dijo lo sabía, no creo que nadie quiera fastidiarte. ¡Vamos!, digo yo

Siguió diciendo cosas, pero yo ya sólo repetía en mi mente “Hola, me llamo Maite. ¿te importa…? …. Hola, me llamo Maite. ¿te importa…?   …   Hola, me llamo Maite. ¿te importa…?”
— Hola, me llamo Maite. ¿ Te importa…?  — subió la mirada del móvil y tal y como me había dicho, me dió un repaso de arriba a abajo, que me dejó desnuda. Tragué saliva y continue porque no decía nada — soy de la agencia de viajes de la esquina, viniste hace unos meses a preguntar por unas vacaciones.
— A sí, perdona, no te había conocido ¿qué pasa?
— Nada, no es por nada en especial. Es que… — la voz me empezaba a temblar y me ponía a cada segundo más nerviosa — simplemente veo que todos los días…. bueno, muchos días coincidimos y bueno,… no se, que es una pena que no…
No sabía qué decir, esto iba muy rápido y yo no sabía qué decir.
— ¿Maite?
— Si
— ¿Vienes aquí a diario?
No sabía si decirle que vengo aquí sólo los días que la veo pasar o que compraría el local para que me pidiera todos los días un café.
— ¿sabes?. Estoy muy nerviosa, y mi cabeza piensa más rápido de lo que puedo hablar
— Ya lo veo
— Esto no se me da bien. Lo siento. Estoy haciendo el idiota y me siento ridícula hablando contigo sin tener nada que contarte sólo porque te veo a diario y me intrigas o qué se yo… — me giré sintiendo toda la vergüenza del mundo y viendo sus ojos expresando que soy una tía super rara y lo soy. Si alguien se me acercase a mi asi, creo que suspiraría al irse.
— ¡Espera! — escucho mientras me cogen de la muñeca. Me giro — esto también es muy raro para mi, pero no te vayas, sientate, no me apetece que el camarero se dedique a mirarnos más.
Supongo que cada persona tiene su papel en una relación y desde luego que el primer contacto no es lo mío, pero quizá no lo había hecho tan mal. Me senté en su mesa, compartiendo esquina con ella, frente a la calle. Sentía el corazón acelerarse incluso más, pero sentarse me dejó al menos respirar.
— Me siento un poco rara — dije al final
— No me extraña, no se cómo digerir esto, ni cómo interpretar muchas cosas de las que dices.
— No me hagas explicarlo, por favor
— Entiendo.
— ¿y me sigues a diario?
— ¿suena “friki”?
— un poco
— Soy un poco friki, la verdad
— No lo jures. Recuerdo tu mesa
— Ya bueno, los muñequitos.
— Si
— No es muy profesional, pero me gustan.
— Imagino. ¿Y tu jefe?, ¿te deja ponerlos?
— Es muy majo, está ahí atrás… animándome a venir a hablar contigo
— ¡Joder tía!, esto es subrealista ¿y ahora?, ¿nos juntamos todos? o ¿qué?
— No de verdad, es un tío legal
— Gay
— No, no… es hetero, pero no… osea que no, que no busca nada
— Un hombre que te anima a ligar con una tía, en un bar. Sería el primero que no fantasease con tener a dos mujeres para el
— Fantaseará, pero no conmigo. Nos llevamos muy bién y se cómo y cuando te miran. No es asi. No llevo demasiado tiempo fuera del armario como para haberme olvidado.
— Para eso no hay que salir del armario
— Ya, bueno… me refiero a que no tengo apenas amigas o conocidas en este mundo y el… el es mi amigo o mi confidente y bueno, me ha ayudado en momentos importantes cuando corté con mi pareja y ha sido comprensivo, mucho. No te metas con él, es buena persona.
— Ya… me callo, pero te juro que es lo más raro que me ha pasado en la vida
— Pues yo estoy a mil
— ¿qué…?
— ¿no hay que ser sincera?
— ¡¡Joder tía!!, pero no salgo de una y me entrás asi con otra
Sus palabras asustaban, pero con su sonrisa alucinaba. Sus labios eran superexpresivos. El de arriba fino, y con un surco perfecto que acaba en lo que la gente llama el arco de cupido, y no me extraña que lo llamen así. Se inspiraron en estos labios. El de abajo era más gordito, carnoso, de los que apetece besar y morder y bufff… sonrosado, tenía brillo natural, no se había puesto apenas nada de maquillaje y me moría por saber a que sabían esos labios.
Me quedé callada.
— ¿A qué hora sales?
Sonreí
— A la que quieras
— ¡Joder tía!. No se si asustarme contigo o… o…
— creo que prefiero el o. Me muero de ganas por saber que es, que me enseñes lo que no se
— Mira, no te engaño, he salido hace no mucho de una relación de mucho tiempo y la verdad es que no estoy muy de humor para muchas cosas, pero estoy muy alucinada contigo
— Bien. Me vale
— ¿Te vale?… jajaja… de verdad que eres muy rara
Me gustaba su risa
Quedamos a las 5 delante de la tienda, me recogía en coche y fuimos directamente a su casa. Un apartamento moderno, muy blanco, minimalista. Yo pensaba que si esto salía bien, mis muñequitos tendrían que entrar en algún sitio, pero no tenía muy claro donde, pero se me olvido en cuanto ella se quitó la cazadora de cuero, la camiseta que llevaba debajo y si hubiera estado dos pasos más lejos el sujetador.
Me cogió la cara con las manos mientras yo intentaba abrazarla. Su piel era suave, su labio… ummm…  su labio sabía tan bien, blandito y firme, su lengua entraba en mi boca y su mano se mooví por mi nuca provocando un escalofrío. Bajó sus besos por mi cuello y yo pensé que me iba a quedar allí siempre, pero me despertó de golpe cuando agarró mi culo fuerte, muy fuerte, casi cómo si lo hiciese un hombre. Yo puse mis manos también en su culo. Era un culo duro, sexy, se notaba que llevaba un tanga porque no sentía las costuras por ninguna parte.
Sentía cómo su respiración aumentaba en mi boca, cómo jadeaba y descubría el tacto de mis manos en su piel, en su espalda que se curvaba cuando mis uñas la arañaban.
Desabrochaba mi blusa y yo sus vaqueros que sería imposible sacarlos por mi cuenta, pero que no me importaba, yo quería tocar su culo, ese que tantas veces lo había visto pasar ante la tienda y estaba frío, se notaba su piel erizada y cómo se contraía en mis manos, el calor que venía de abajo contrastando con el frío moflete.
Se deshizo de mi blusa y dejó de besarme. Nos miramos. Nuestros pechos eran muy parecidos. Yo de blanco, ella de negro. Yo con bordados y ella deportivo, pero pezones pequeños, duros los suyos y aún más los míos. Le solté el enganche con facilidad excitándola aún más y me solté también el mío al ver que ella no avanzaba. Su piel era superblanca, casi azulada en la zona de los pezones que salían rosados de su cuerpo delimitando perfectamente la aureola. Su pecho se aplastó contra el mío y se volvió a separar, jugando. Yo sentí cómo al separarse y ver su sonrisas mi cuerpo envió ríos enteros a mi sexo.
Me moría de ganas de que chocaran mis labios contra los suyos… cómo serían, a qué sabrían. Se acercó y metió su mano directa a mi coño. Un dedo entre mis labios como si supiera exactamente por donde ir y donde parar, otros dos comprimían mis labios entre sus dedos. Yo quería hacer lo mismo con ella, repetir lo mismo porque me estaba provocando tanto placer que tenía que dar lo mismo.
Fui a bajarle el vaquero. Se atascaba en sus caderas, en sus muslos… pero dejaba que recorriera con mis manos sus piernas y que sintiera delante de mi boca su coño. Unas gotas salían desde el lateral del tanga y no pude sino recogerlas con mis labios chocando mi nariz con todo su sexo. Sus manos atraparon mi pelo al sentirlo paralizando su cuerpo que se contraía sin apenas haberlo rozado.
Me gustaba sentir que llevaba mucho tiempo sin que ese coño fuera de nadie. Me sentía poderosa y dominadora, aunque estaba claro que ella iba a llevar más las riendas ese día. Empujaba mi cara contra su sexo para provocarle un orgasmo, y yo lamía su sexo apartando las braquitas que me molestaban. Estaba completamente depilada, suave, limpita para mi y con una mente excitada, desbocada, casi pidiendo mordiscos. Sus uñas se me clavaban según aumentaba la intensidad y hasta que no tembló todo su cuerpo en mis labios no paré de darle lo que necesitaba.
Era un maravilloso comienzo y va a ser un maravilloso puente.