Se levantó como siempre justo antes de que sonara el despertador, su amo dormía y así le gustaba despertarse, verse desnuda a su lado, verle desnudo a su lado, con un sueño profundo, quizá fruto de esa forma salvaje de hacer el amor justo antes de dormir. Su respiración era profunda y durante unos segundos más podía quedarse mirándole. Hoy le esperaba un día duro en el trabajo, pero en ese momento no existía otra cosa que no fuera el.
En su mente se mezclaban los recuerdos con las ganas de despertarle y que nuevamente la poseyera su cuerpo, pero sabía que eso requería su tiempo y no lo iban a tener. Aguantó callada, sin hacer ruido, sintiendo cómo reaccionaba su cuerpo ante el desnudo que tenía delante. Su sexo se empapaba y sus manos rozaban su clítoris suavemente, para no despertarlo, se pellizcaba, pero sin dejar que esa excitación la llevase al orgasmo, porque ella sabía las normas que habían pactado: excitarse si, hasta el límite; correrse no, no sin su permiso. Y las normas se cumplían siempre. El masoquismo y el control del dolor no era lo que más le gustaba y por lo tanto, su sumisión era más mental que otra cosa. No le gusta el castigo, si la sumisión, si el sexo duro, si la inmovilización y ver aún las cuerdas negras por el suelo le hacía recobrar las ganas de despertarle. Se levantó lentamente, sin apenas mover el colchón, entró en la ducha ardiendo de deseos de que sus manos fueran las que enjabonasen su pecho y su vientre mientras el la poseía desde la espalda, dejándola sin aliento hasta que provocase su eyaculación.
Se puso la ropa interior aún con más deseos, la mejor que tenía. Ropa de marca, llena de transparencias y los recuerdos del día del estreno, medias, su pecho apuntando al cielo como su mente, pero su relog ya le decía que era demasiado tarde y se lo puso a todo correr. Llegaría con la reunión empezada y no se lo podía permitir. Tacones en la mano para no hacer ruido, traje de chaqueta a medio abrochar y sin tiempo para un buen desayuno.
Una hora más tarde, en medio de la reunión, y con el móvil en la mano: “Buenos días mi amo. Espero que haya dormido bien y soñado con su sumisa amante”. Normalmente no mezclar la vida personal con la laboral es parte de su vida, pero hoy, quizá por lo especial del día anterior, no puede evitarlo.
Discretamente se coloca el móvil en la cintura de la falda para no dejar de sentir la vibración en el momento de la entrada del mensaje de contestación que tarda en llegar. “Me hubiera gustado ver cómo limpiabas los restos de tu humedad que aún quedaban en mi sexo con tu lengua. He tenido que limpiarlos yo mismo en la ducha y sabes que me gusta que esa parte de la limpieza corra de tu cuenta”
No puede contestar en ese momento, está ahora en el punto de mira de todo el mundo ya que los temas económicos de la empresa dependen de ella y de su exposición hoy depende el rumbo de muchas personas y de la política de la empresa. Se centra en la reunión, es necesario y ella lo sabe.
Un descanso. Su mente necesita evadirse aunque sólo sea un segundo. Es más importante el alimento del alma que el del cuerpo y prefiere un mensaje a ese tentenpie que todo el mundo se va a tomar. “Espero que mi amo entienda que su placer es el mío y que nada me hubiera gustado más que poder cumplir con esa obligación, pero despertarle tan pronto me pareció injusto. Si le parece bien, intentaré compensarle con un masaje especial cuando usted disponga”. Su mente ya se había envuelto de aceite y recorría su cuerpo empapando el de su amo, resbalando sobre el con su cuerpo desnudo.  Sexo con sexo. Dentro y fuera. En su mente habría recogido cada gota del semen que su amo habría generado y habría sido su alimento… alimento… no había comido en horas.
Salió todo lo rápida que los tacones le permitían hacia donde a buen seguro la estarían esperando y como si le leyesen el pensamiento recibió la respuesta antes de que llegase a su destino.
“Has olvidado la importancia de las pequeñas rutinas. Hoy no desayunaste desnuda ante el espejo, hoy supongo que no te miraste en ese mismo espejo al vestirte para mi. Que ahora duerma a tu lado no significa que puedas romper esas rutinas. Son esas rutinas las que te hacen mía, porque yo las dicté y aunque el momento haya cambiado jamás te he dado permiso para bajar la guardia. ¿qué has desayunado? Espero verte en la piscina a las 19:00 horas, puntual. Deberás nadar 80 largos seguidos pensando en todo esto. 100 si no has desayunado. Hablaremos en casa”
El tono del mensaje le excita. La preocupación por su alimentación y su estado de forma fue el comienzo de todo y es cierto que aunque ahora su cuerpo es prácticamente nuevo, hay que seguir cuidándolo. En la empresa, aunque sea injusto le han valorado su cambio de aspecto, ese punto atractivo y estar tan segura de si misma le llevó incluso a un ascenso y no era un ascenso fácil, no sólo su capacidad de trabajo contaba, además había que convencer a la gente, había que seducir en la forma de hablar y su competidor era un experto en eso.
A las 19:00 estaría ya nadando los 100 largos seguidos… bufff. Se había ganado el castigo y algo le decía que no sería el último del día.
Cuando llevaba algo más de 60 largos, su mente se relajó, un brazo después de otro, una patada después de otra, la respiración, el sonido acelerado y rítmico de su corazón bombeando le recordaron sus principios y con ese pensamiento siguió y siguió nadando.
Al acabar los largos había pasado más de una hora y media nadando, se duchó. La ducha nada tenía que ver con la de esta mañana, pero se tomó su tiempo. Pausadamente recorrió y enjabonó su cuerpo, cada parte de su cuerpo. Secó su piel y se vistió con la misma ropa de esta mañana, no llevaba nada de repuesto. Era una ropa especial y aunque al elegirla esta mañana si lo había hecho aposta, lo cierto es que no se había deleitado en la forma en la que le sentaba. Cada tirante en su sitio, cada elástico en su posición, el reflejo del espejo de los lavabos, todo lentamente. Su cuerpo estaba agotado de tanto esfuerzo y su mente entre el recuerdo que le había ayudado a seguir nadando y la extraña sensación de no poder cumplir físicamente con lo que quería para su amo esta noche.
Al entrar por la puerta la casa estaba en penumbra, casi a oscuras. Unas velas iluminaban el centro de la alfombra y él estaba sentado en el sillón, justo delante. Pantalón oscuro, camisa blanca, impecable como siempre. Sabía que hacer. Dejó la bolsa y el portatil al lado de la puerta y entró en la alfombra arrodillándose en su centro. Se agachó tendiendo las manos por delante de su cabeza y se quedó en silencio hasta que el amo preguntó:
— ¿Has comido?
— Si mi amo, he comido sano y nadado los 100 largos por haberme privado del desayuno
— ¿porqué no desayunaste?
— desatendí mis obligaciones personales por mirarle a usted mientras dormía — el silencio le hizo pensar que no lo desaprobaba del todo
— No es excusa — acabó por decir — su cuerpo me pertenece como el mío propio y no cuidarse es no cuidarme
— Lo se mi amo. He pensado mucho en ello mientras nadaba.
— ¿Y a qué conclusión has llegado?
— He recordado lo que me costó estar en forma para usted, los sacrificios en mi alimentación y la alegría de verle orgulloso con mis logros. He sentido su mirada al vestirme en los vestuarios y me he dado cuenta de lo importante que es recordar cada día los detalles y que estar guapa para usted no es elegir el conjunto más sexy
— Rompe tu ropa interior para recordarlo
— ¿ahora?
No contestó y su silencio fue atendido como una afirmación. Se despojó de su blusa y de la falda de tubo que tan bien se ceñía a sus caderas y al quedarse en ropa interior, su amo le tiró al suelo unas tijeras y colocó entre los dos un fino espejo para que se viera reflejada mientras cumplía el castigo. No era físico, era mental. Se agachó de nuevo y cogió las tijeras. Cortó el tirante de su sujetador y miró su reflejo.
— Despieza tu ropa poco a poco y mira lo que estás haciendo
Su cuerpo se iba quedando desnudo trocito a trocito. Su mejor lencería, esa que hoy había sido seleccionada por traer recuerdos caía al suelo con la duda de si los recuerdos morirían allí también.
Desnuda en cuerpo y alma una lágrima surcó su mejilla.
— ¿porqué lloras?
— porque se van buenos recuerdos con esos trozos — la voz apenas salía de su sobrecogida garganta. Rompió a llorar
Su amo se acercó a ella y abrazándola dejó que llorara sobre su camisa.
Cuando se calmó, cuando el agotamiento físico y mental dejó paso al alma, se giró y sacó una cajita negra, con una llave antigua, oxidada.
— Recoge cada trozo de esa ropa que está en el suelo. Uno a uno y mételos en esta caja y cierra con llave.
Aun entre sollozos pero feliz de recoger los pedazos de su alma recogió uno a uno los pedazos y cumplió con el protocolo completo. Cerró con llave la caja y colocó la llave en una mano y la caja en la otra extendiendo a su amo los tesoros.
El cogió la caja y la colocó en el mueble del salón, justo en el centro. Regresó y enebró una fina cadena de plata en la llave, cerró el cierre de la cadena y la colocó en el cuello de su sumisa.
— Los recuerdos jamás se pierden si sabes dónde guardarlos. No lo olvides.
Rompió de nuevo a llorar y saltó sobre los brazos de su amo obligándole a sostenerla en el aire, desnuda y colgada sobre el, besándole el cuello mientras le decía “gracias mi amo, gracias mi señor. No puedo recordar una lección mejor en mi vida”
Esos besos se vieron sorprendidos por un gesto de su amo. El sexo de su señor entraba de forma repentina en su cuerpo. Sorprendida por su fuerza y por el momento ya que no había sentido cómo se desnudaba. Sus ojos se abrieron como platos y más aún cuando la depositó sobre la mesa colocando su pecho contra el tablero y dejando así que su sexo fuera de nuevo expuesto al antojo de su señor. Su cuerpo se había empapado en segundos y del aparente agotamiento físico sólo quedaban deseos de volver a sentirle dentro.
Una sacudida nueva sellaba de nuevo la unión. Su amo la poseía. El cuerpo de su deseo entraba en ella una y otra vez dejándola sin respiración, sus manos buscaban aumentar la puerta de su sexo para sentir cómo la polla de su amo entraba en ella, sentir su fuerza, su dureza. La velocidad aumentaba y con ella su placer. Un azote fuerte dejaba marcas en su trasero que vibraba al compás de la siguiente embestida y no podía evitar empezar a gemir a cada sacudida de placer que hacía que todos los sentimientos que en ella habitaban en ese momento se fundieran con el placer físico. La espalda se arqueaba y el pecho se levantaba de la mesa para volver a aplastarse contra ella a veces incluso después de haber sido debidamente pellizcado el pezón.
El dedo gordo de su amo entró en su culo cuando su polla salía de su sexo. Relajación y excitación se cruzaban con lágrimas de felicidad y punzadas en el alma con las físicas se confundían en su mente. Siendo penetrada a la vez por sus dos orificios le sobrevino el orgasmo. Un grito surgió de lo más profundo de sus entrañas y sin preguntar se giró para recibir el preciado semen de su amo en su boca. Lamió su sexo, lo quiso, lo idealizó en su boca, lo beso y lo abrazó y más tarde lo contemplo mientras dormía a su lado.
Nuevamente se había despertado antes de que sonase el despertador y nuevamente aún sentía las agujetas del día anterior. Miraba a su amo dormir y acariciaba su sexo tímidamente como el día anterior. Sonriente y contenta empezó su rutina de nuevo. Desayunar desnuda, ducha, vestirse para el… y finalmente y antes de salir limpiar el sexo de su amo con la lengua. Hoy tenía tiempo para todo.