Sólo con escuchar cómo se cerró por la puerta y mi cuerpo tembló. Sabía que su presencia era impresionante para mi, y tampoco se muy bién cómo lo consiguió en tan poco tiempo; pero si hay algo en este mundo que me haga sentir así de feliz y a la vez nerviosa, es justo eso: una puerta que se cierra; saber que todo comienza; que todo comienza de verdad.

En este mundo al que pertenezco desde hace ya un año, la disciplina lo es todo; al menos para mi. Quizá porque soy una mujer increíblemente ordenada y autoritaria en mi trabajo. Me gusta que las cosas se hagan bien, en su tiempo, a su tiempo; y si surge un imprevisto saber en el menor espacio de tiempo qué nos supone y cómo solucionarlo.

Pero cuando dejo mi mundo me gusta dejarme llevar; me gusta mirar a un hombre y saber que ya no tengo que tomar decisiones. Me gusta saber que mi mundo es seguro, que no depende de mi nadie.

Esa sensación hace que mi mente descanse… dejo el trabajo y se que puedo relajarme. Soy una mujer sumisa, con todo lo que esto significa.

Hay gente que dice que la sumisión sin castigo físico no es completa, yo no soy asi. Para mi la entrega es quizá más lenta; tengo que confiar en una persona y hasta que no confío plenamente no me puedo entregar; pero cuando lo hago mi entrega es completa; eso significa para mi amar en cuerpo y alma, sin pensar en mi placer; y a la vez sabiendo que el sabe lo que yo quiero y lo que me gusta.

Se que me lo va a dar de forma que yo lo reciba cuando el quiera. Hay gente muy cercana a mi, que cuando se lo cuento se asusta; que me dice “pero porqué no tomas tu las riendas y recibes o das placer cuando quieras”. Eso lo he hecho durante la mayor parte de mi vida. A mi lo que me gusta es saber que voy a recibir un regalo pero no saber qué es, ni cómo lo voy a recibir, ni cuando.

Disfruto mucho más así, con esta vida. Es cierto que mi nivel sexual es más intenso, que me gusta recibir un azote.  El sexo duro forma parte de mi vida, pero no es lo más importante. Eso es sólo un instrumento para mi placer y el de mi amo.

Me costó mucho decirlo asi: MI AMO, pero el día que lo hice, me sentí libre. Se que parece lo contrario, no soy tonta. Simplemente la gente no se da cuenta de que yo puedo dejar esta vida si quiero, pero es la que me gusta.

No soy masoquista, no me gusta el dolor y no me dará dolor gratuitamente. Sabe donde están mis límites y no romperá la confianza que yo dejo en mi amo. De alguna manera mi AMO me sirve a mi como yo a el. Yo apenas pienso en nada, quizá en su placer o en cómo interpretar sus instrucciones para que le guste y se sienta orgulloso de mi. El si, tiene que pensar en sus deseos y en los míos y no sólo en el placer que siento cuando lo veo feliz; también en mi placer físico o emocional, en cuidar de mi cuerpo, de mi alimentación, y de mis vicios… me gusta dejar que me cuide y yo le cuidaré a el como el quiera.

Ahora estoy esperando que entre a la habitación, el escenario ha sido cuidado hasta el último detalle. Esta preparación ha sido para mi la forma de ver si realmente lo deseaba, de que conseguir entregarme a él como merece.

Todo empezó en internet, es un medio frío y donde la gente miente mucho, pero es de los pocos donde yo puedo ser como quiero; sin que nadie me critique o me juzgue. Y un día me envió un mensaje personalizado, estudiado, intentando saber lo que pensaba o imaginándolo más bien; y empecé a leerlo sin demasiada esperanza, su carga sexual era muy fuerte y suele significar que no son realmente de este mundo; pero lo cierto es que acabó con una pregunta que me pareció estúpida, pero muy bien argumentada, me preguntaba sobre el uso de espejos, me contó donde le gusta ponerlos y porqué, quién mira al reflejo y cuando; y que pensase en esas cosas hizo que quisiera saber más de el.

El resultado es que hablamos de su vida y de la mía, de su forma de entender la dominación y mi sumisión, es algo más inexperto que yo, está iniciándose y se que voy a tener que explicarle muchas cosas, pero una sola frase hace que desarrolle todo un mundo alrededor y eso me gusta. Es distinto y me gusta que cree mi mundo a su alrededor. Satisfacer su deseo sexual va a ser para mi muy fácil, porque es muy visual y mi “atrezzo” siempre ha sido muy rico, juguetes, ligueros, correas… se lo que le gusta y no es nada especial.

Estoy en su casa, me dijo que viniese aquí una hora antes que él, que mirase todo, que sintiese su presencia en sus cosas, pero que no tocase nada y así lo hice. Toda la casa recogida, paredes blancas, lisas, sin apenas cuadros o adornos. La cocina con un estilo muy moderno, sin tiradores en los cajones, también blancos en contraste con una encimera gris lisa y brillante.

Pasé la mano por la encimera, estaba fría como si fuera piedra e imaginé mi pecho sobre ella… seguro que eso le gustaría, sentir cómo luego mi pezón está duro no sólo por su presencia sino por el frío… me gusta el frío en el pecho.

El salón tiene dos sillones, el día que abrimos la cam es lo que veía y verlo en directo me recordó su primera orden incluso cuando yo no sabía aún si lo obedecería… “ponte de pie“… yo dudé y repitió: “ponte de pie si quieres seguir conociéndome“.

Yo lo hice no sin cierta vergüenza. Ese día no estaba muy bien vestida, no quería que me viera así. Pero he de reconocer que salió bien. Me di cuenta que su dominación no funciona a través del castigo sino con el peso de sus frases y esa para mi es la clave. La dominación mental no tiene porqué ser física y el castigo para mi, es exactamente eso, un castigo que no quiero.

Lo que yo quiero es jugar con el filo de la navaja. Me encantan las velas, la inmovilización, incluso a veces la pelea. Se que eso puede despertar al animal salvaje que todo hombre posee y que tanto me gusta sentir; que por instinto querrá inmovilizarme y hacerme suya… me encanta esa sensación.

Abrí la puerta que había al fondo del corto pasillo, era su estudio. Una mesa de cristal sobre dos caballetes de madera sin una marca de huellas. Papeles y carpetas clasificadoras perfectamente alineadas y en un lateral de la habitación una puerta corredera. La abrí y allí estaba la cama. Era una cama antigua, de madera y con cierto estilo vampírico. Una tenue luz entraba por la ventana que estaba casi cerrada. Este cuarto nada tenía que ver con la casa, estaba claro que este era su cuarto especial, su territorio particular.

Me preparé para recibirlo, me desnudé como el me dijo delante del espejo. Guardé mi ropa de calle en su armario, había dejado perchas para mi y un estante limpio y dejé antes de vestirme todo en su armario.

Me miré en el espejo, mi cuerpo estaba listo para el después de tanto tiempo esperando a un amo que lo comprendiese. Me puse unas medias, la lencería que había traido… y de repente, lo sentí todo… esa puerta corredera que separaba el dormitorio de su estudio era lo que estaba dormido en mi mente.

Era el comienzo de todo… y se nace desnudo pensé. Me quité toda la ropa y entreabrí la puerta. La luz entraba por ella y me iluminaría cuando el entrase. Así lo hice. Cerré todas las ventanas de la casa y sus puertas, ninguna luz estaría encendida. Solo de su cuarto saldría la luz y yo estaré lista para entrar en sus dominios. Cuando él lo requiera, yo quiero ir a esa luz y sentir que es EL quién me lleva…

(continua en ERA SUYA Y EL MÍO)