A gatas subía las escaleras, sólo unas botas altas y negras, unas medias suaves con encaje bordado y una correa al cuello la separaban de su desnudez, en el otro extremo de la correa un hombre de traje oscuro la miraba cómo subía. Ella contoneaba su culo sin más intención que la de excitar a su pareja, levantaba la mirada a cada peldaño, cada vez que sentía ese tirón de la correa que le hacía sonreir. Movía la cabeza con la intención de que su pelo provocase su deseo, para mantener su atención, su cuerpo en completo movimiento… excitándole, provocando su deseo y su placer.
Sus manos se apoyaban sobre el frío suelo, y ese frío lo sentía en contraste con el resto de su cuerpo que ardía de deseos de ser el objeto de las embestidas que sabría antes o después llegarían.
No había apenas llegado al último peldaño cuando una gota proveniente de su sexo, enfriada por el aire en su lenta caída rozaría su muslo desnudo, justo encima de la media… estaba empapada y ya no podía ocultarlo, tampoco hubiera querido. El brillo de sus ojos aumentó pensando en que su amo pronto empezaría un ritual en el que se daría cuenta de este suceso, hoy no podría argumentar que no estaba preparada para recibirle.
 Al llegar arriba la excitación de aquel hombre que era tan suyo como dueño de sus deseos era notable y debería saber guardar la compostura, pero sentir en sexo de aquel hombre erecto, provocaba en ella ese dolor en las entrañas que sólo una tremenda excitación no satisfecha puede causar. Su mente viajaba ya al futuro y adelantaba cómo iba a ser penetrada, pero sabía que el recorrido hasta allí sería largo, que la pasearía lentamente por el piso superior, eligiendo a la vez si follarla en el baño, en un dormitorio o en cualquier pasillo.
La correa tensa, los eslabones de la cadena sonaban y hacían soñar, sentía ya las rodillas pesadas y se detuvo. Pisó la cadena obligándola a agachar la cabeza, pero mantuvo las caderas altas, las piernas algo abiertas, sabía que tras ella habría un espejo y que la estaría mirando como sólo el sabe mirar, penetrándola con la mirada.
Soltó la cadena sabiendo que no cambiaría de posición y se aseguró de que escuchase cómo se desabrochaba la cremallera del pantalón. Se colocó tras ella, la visión del espejo le había fascinado y quería ver el cuerpo de su gatita más cerca.
Los labios de su sexo rosados, latían de excitación, esperaban un beso o un azote, pero esperaban impacientes. Había que aguantar más… que lo necesitase aún más, el tiempo exacto antes de la desesperación, el tiempo exacto en el que utilizar sus dedos para que un simple roce provoque casi un orgasmo…
Tras el roce, un azote para que no llegue a correrse, no aún… tras el azote, una caricia… tras la caricia una penetración violenta… dos dedos enganchando su cuerpo empapado, dos dedos que tiran de las caderas desde dentro… que la hacen gemir…. tras el gemido… un pellizco en el clitoris… tras el pellizco otro gemido… es suya, está expuesta y entregada… dispuesta y deseosa de ser follada… provocando ese deseo con ligeros movimientos de cadera que lo excitan más y más.
Como si de una pluma se tratase, la levanta de la cintura y la tumba su cuerpo sobre la mesa de cristal que preside aquella habitación, su pecho se enfría con el cristal, su sexo se calienta, sabe que está a la altura de la cintura del que la va a penetrar, siente cómo le agarran del pelo y cómo cae la ropa al suelo dejando desnudo el sexo de su amante, quiere verle, pero no puede girar la cabeza, simplemente sabe que la va a sentir entrar en segundos…
Segundos que no  se hacen esperar. La penetración es profunda, los labios abrazan al intruso sin querer soltarle pero el intruso hace lo que quiere, entra y sale, acelera y descansa.
Ella gime en cada embestida, siente cómo se aferra a tu pelo, como la usa para penetrarla más al fondo y alienta cada embestida con un “Soy suya, mi señor… haga lo que desee”…. y a cada frase, el siente más control y cada vez que embiste sucumbe al reclamo, manejando a su sumisa amante y a la vez aportando lo que ella desea de forma imperceptible, realizando sus deseos que son de ambos…
Extasiado a punto de derramar su interior en ella, sale de su cuerpo buscando una boca en la que derramarse… un alimento para toda la noche que viene detrás…
“Soy suya mi amo” resuena aún en su mente cuando coloca su sexo en la boca que calla para recibirle, sus ojos brillan… sabe que sólo es el comienzo