— Dame un rotulador!
— ¿Un rotulador?
— Si, quiero tatuar mi nombre en tu piel
— Se borrará…
— No lo creo
Se levantó de la cama y su cuerpo desnudo recorrió la habitación, sus caderas se movían a propósito de un lado a otro, provocando su mirada y su deseo. Al llegar a la mesa, nuevamente su mente provocativa no iba a buscar el rotulador sin más. Apoyo su cuerpo sobre la mesa. Su sexo expuesto, su ano expuesto, sabía lo que hacía.

— No llego — decía mientras estiraba las manos apartando y alejando el bote que contenía el rotulador
Al sentir que el cuerpo de su amante se levantaba, no pudo evitar emitir un suspiro, quizá preparándose para recibir el placer que esperaba, quizá porque sabía qué iba a pasar, quizá porque simplemente imaginar la escena le activó su deseo insaciable de tenerle dentro de ella.
El se detuvo justo detrás de ella, su sexo despertaba a la velocidad de un chico de 18 años por ver la escena, por ver el cuerpo de esa mujer que sabía cómo entregarse, cómo dejarle ser feliz y sabiendo que ambos disfrutarían de un placer del que pocos pueden hacer gala. Se pensó el movimiento siguiente mientras se deleitaba en el momento. Ella se mantenía inmóvil, sólo su respiración provocaba ligerísimos movimientos en su cuerpo.
Había que seguir el juego, es parte de este mundo. Controlar la situación es casi un instinto, hacer que sea especial. No vale con follar, eso sería fácil, antes hay que despertar al animal, al instinto.
CHASSSS… Golpeó con su cuerpo las caderas de la mujer que esperaba con la excusa de alargar su mano hasta el rotulador. El culo de su amada se movía, vibraba ante la pequeña embestida y hasta inocente, aunque los dos sabían que no hay nada de inocente en cada movimiento, que todo se piensa hasta que se deja de pensar. El ya amenazante sexo chocaba con las suaves piernas de su inmovil amante abriendo su propio camino.
Pero por supuesto, NO cogió el rotulador a la primera…. BUUUM, sonó la segunda embestida, la mesa golpeó la pared ante el aumento de fuerza. Un pequeño grito salió de la boca de la mujer que se vio sorprendida tensando su cuerpo. El sonrió ya con el rotulador en la mano.
Ella seguía inmóvil. Su sexo se humedecía con los comienzos del juego. Sentía como se resbalaba, como se escapaba de entre sus piernas el tesoro que ella tanto ansiaba dentro. Cerró los ojos esperando algo.
CHASSSS… Un fuerte chasquido rompió el silencio y la espera… un azote con la mano abierta enrojecía por momentos el preciodo y preciado culo de la mujer que gemía al sentirlo, que seguía inmovil, esperando más…
Los dedos fuertes de su mano empezaron a recorrer el ano de sabía le pertenecía desde que ella se lo regala día a día. Humedecidos por su propia boca, jugaban a distraerla mientras mordía la tapa del rotulador para destaparlo…
— Había pensado tatuarte mi nombre al lado de tu coño… en el monte de Venus, para que pudieras mirarte en el espejo más tarde, pero ahora no se si ponerlo donde no puedas leerlo…
— Donde quiera, puede ponerlo donde quiera… — el cambio al llamarlo de usted, provoca siempre que se excite al saberse amo de su amada y ella así lo utiliza… para provocarlo, para pedir más…
CHASSS… volvió a sonar como respuesta a su provocación. Su sexo aumentaba su fuerza según pensaba lo que iba a hacer y no tardó en hacerlo…
BUMMM…. nuevamente la mesa choca contra la pared ocultado el gemido que provoca el sentir cómo de un sólo brusco movimiento los cuerpos se unen dentro de ella. No se retira hacia atrás… al contrario, reclina su cuerpo sobre la espalda que llace en la mesa y empieza a escribir sobre bajo sus hombros.
Al reclinarse su sexo tiende a salir, levemente, pero en cuanto termina su firma, empuja nuevamente violando el espacio interior de la deseosa mujer que le necesita.
“Mi alma dentro de ti” rezan las letras que han escrito y que ella sólo podrá sentir con los movimientos que el le transmite. Entrar en ella es tan especial que no quiere ya salir. Quiere clavarle el alma en lo más profundo de su cuerpo, donde el físico no llega… pero donde sólo con el físico se puede hacer entender hasta donde quiere grabarlo.
La cabeza de la que recibe una y otra embestida se aloca. El recoge su pelo en una coleta y tirando de ella, recomienza las embestidas, ahora más instintiva.
FFFFFF…. FFFFFF… A cada embestida se escucha la respiración del que empuja cada vez con más fuerza
AA…AA… responde a cada embestida la mujer que guardará el alma de ambos…
— No pares, por DIOS, no pares — blasfema ella
— Vas a sentirme hasta que te duela el alma — responde el
—  Si, si… quiero que me duela el alma — le anima a no parar mientras el tirón de pelos le hace levantar el cuerpo de la mesa
El pulgar de su mano izquierda se abría paso a través del apretado ano, su polla buscando lo más profundo, su mano derecha soltaba y tiraba del pelo al ritmo de las embestidas.
Antes de romper dentro de su cuerpo, bajó la frecuencia liberando a la aún ansiosa amante que caía nuevamente sobre la mesa para coger aliento. Su cuerpo aún ardiendo se queda esperando.
El, sabiendo que su amante quiere más, busca más. Regresa con una cuerda negra, 10 metros de cuerda comprada no hace mucho. Anuda rápidamente su extremo al collar de su amada y tira de ella nuevamente hacia la cama.
El tirón la levanta y la gira. Ella le sigue. Se mira a si misma desnuda, siguiendo al que desea dentro de ella, también desnudo, con su sexo empapado de ella. Sonríe.
Al llegar a la cama el se para y ella también.
— Tus manos — no necesita decir nada más para que ella sonriente le muestre sus manos.
Doblando la cuerda, lentamente da 3 vueltas sobre sus muñecas dejando un ojal en ella. Suelta de su cuello el otro extremo al tenerla nuevamente amarrada y lleva sus manos por encima de su cabeza hasta su nuca, tirando fuerte y empujándola a caer sobre la cama.
Desde arriba el mira el cuerpo que acaba de poseer, sonriente, excitado. El pecho suelto aún marca alguno de los nudos que unas horas atrás provocó el orgasmo de la mujer que tanto desea. Sus pezones duros como piedras, pequeños, provocativos, pidiendo un mordisco, un pellizco o simplemente ser aplastados por sus manos. El sexo, brillante, depilado, enrojecido por lo que acaba de pasar, excitado, tanto como el. Ella mira al sexo que la acaba de poseer y relame sus labios mientras desea tenerlo en su boca, saborear el líquido que gota a gota sale mezclándose con su miel.
Mirando nuevamente a su amada se quedaría todo el día, pero sabe que no es el momento. Lleva la cuerda casi a las rodillas y nuevamente al ojal que sale de sus manos y tensa la cuerda obligando al cuerpo que recibirá sus oscuros deseos a levantar las piernas exponiendo al máximo su sexo y dejándola a su placer para follarla mientras podrá ver su mirada…
Ella indefensa y entregada al único placer que la satisface, al más oscuro le ve cómo busca en el cajón de los juguetes un consolador. Viendo cómo lo lubrica y cómo lo activa no puede evitar empaparse, dejando brillante su sexo.
Sin dudarlo, introduce hasta el fondo el consolador en pleno movimiento dentro del cuerpo de la que lo recibe a gritos de placer. Contempla la escena y nuevamente destapa el rotulador. Su cabeza entre las piernas de la que sigue gimiendo y abriendo los ojos para no perder nada de lo que está pasando. Con los labios aprieta y succiona el clítoris inflamado de la mujer que se corre al ver y sentir la escena mientras sin mirar, las manos de su amante escriben sobre el monte de venus…
“Jamás nadie será tan feliz como NOSOTROS”